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Homofobia y misogínia: la oferta “rebelde” de la nueva derecha

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Dr. Ricardo Bernal

Profesor Investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle

@FPMagonista

 

 

Homofobia y misogínia: la oferta “rebelde” de la nueva derecha

 

 

Además de sus efectos económicos, la crisis de 2008 comenzó a evidenciar el agotamiento del relato político, social y cultural que acompañó al proyecto neoliberal a partir de la década de 1980. Desde entonces, muchas de las promesas que se instalaron en el sentido común de la sociedad dejaron de tener significado, en especial para quienes han visto mermada su calidad de vida y han sufrido las consecuencias de la creciente precariedad y la normalización de lo que Robert Castel llamaba la incertidumbre social.

 

No es casual que en los últimos años hayamos asistido a un proceso de reconfiguración de los escenarios electorales a nivel mundial y, a la par, a una renovación de las identidades colectivas y las formas de pertenencia política.  Más que a una modificación profunda de las estructuras del poder político y económico global, nos enfrentamos a una recomposición de las narrativas en la lucha hegemónica por el sentido común.   

 

La emergencia de nuevos movimientos sociales, el crecimiento de los partidos verdes en Europa y el éxito relativo de lo que algunos han denominado como un nuevo populismo de izquierda, tienen como contracara el ascenso de nuevas alternativas de derecha en todo el mundo.

 

En realidad, el crecimiento de los partidos neo-nazis en Europa y la victoria de figuras como Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, son sólo la punta del iceberg de un abanico de discursos destinados a renovar el imaginario político de amplios sectores de la sociedad inconformes con el rumbo que han tomado sus naciones en los últimos tiempos.

 

Precisamente este reacomodo explica el impacto que ha tenido en América Latina un texto con tan pocos méritos intelectuales como El libro negro de la nueva izquierda de Nicolás Marquez y Agustín Laje, quienes recientemente han ofrecido una serie de conferencias en nuestro país gracias a la invitación del Consejo Mexicano de la Familia.

 

El libro de unas 250 páginas que ya se encuentra en su onceava reimpresión, oscila entre la teoría de la conspiración y un estilo pretendidamente académico con el que se buscan revestir de seriedad tesis francamente descabelladas, como aquella que sugiere que la ONU sirve a la izquierda para reinstalar una nueva forma de comunismo a través de la normalización de lo que ellos llaman “la ideología de género”.  

 

Sin embargo, las conclusiones casi delirantes del libro no deberían llevarnos a desdeñar su eficacia como instrumento propagandístico de una nueva derecha dispuesta a convertir al movimiento feminista y a la comunidad LGBTTI en los chivos expiatorios de las crisis actuales.

 

La primera parte del libro escrita por Agustín Laje es particularmente interesante. El autor se toma la molestia de recuperar, aunque de forma superficial y distorsionada, algunas tesis de autores posmarxistas como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y Judith Butler para darle algo de credibilidad a su argumento central: la existencia de un plan orquestado por la izquierda con el objetivo de acabar con la libertad y la propiedad a fin de recuperar el papel central del Estado.

 

En cambio, la segunda parte, escrita por Nicolás Márquez, carece de cualquier mérito intelectual. Se trata de una retahíla de lugares comunes en los que la homofobia y el conservadurismo más caducos no dejan espacio a ninguna reflexión importante.   

 

Retomando casi línea por línea la primera parte de la obra de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista, Agustín Laje nos cuenta la historia de un personaje anónimo y omnipotente llamado “la Izquierda” que en la década de 1980 abandonó la crítica económica y decidió centrarse en un proyecto de transformación cultural para recuperar su influencia global.

 

El argentino señala que esta “Izquierda” fue ganando terreno debido a que los defensores del liberalismo -el lado bueno de la historia- se centraron en la implementación de un proyecto económico global destinado a defender la propiedad y el libre comercio, olvidando por completo la batalla cultural. De esta forma, la Izquierda hegemonizó los espacios de la academia, los medios, las instituciones educativas, en suma, de lo que en el marxismo del siglo XX se denominaba como la superestructura.

 

Así, a sabiendas de que la defensa económica del comunismo era inviable después de la caída del muro de Berlín, la nueva izquierda cultural decidió enfocarse en una estrategia distinta: inventar nuevos derechos, derechos imaginarios, con el objetivo de darle cada vez más poder al Estado. Fue así como surgió… “la ideología de género”, un conjunto de ideas anticientíficas que, además de requerir una intervención permanente del Estado, lleva a la sociedad a una crisis de valores e incluso pone en riesgo la reproducción misma de la población obligando a las naciones a promover la llegada de migrantes ajenos a la cultura occidental.   

 

Inspirados en el anticomunismo de la década de 1960 del que Marquez es heredero confeso – quizás el joven Laje tenga otra referencia más cercana: los Magios de Los Simpsons-, los autores hablan de una especie de comunidad secreta que mueve los hilos del mundo para implantar esta perniciosa ideología: “el lobby gay”.

 

La genialidad -perversa desde luego- de Laje consiste en utilizar acontecimientos reales para inventar un relato a modo, el cual seduce a la derecha tradicional y a jóvenes con poco conocimiento político. En efecto, en la historia que cuentan los autores las luchas por el reconocimiento de derechos y los movimientos que históricamente han pugnado por ampliar las libertades desde la década de 1970 se vuelven piezas de un plan maligno orquestado por un poder de poderes decidido a controlar a la sociedad e incluso a suplantar el pensamiento de los individuos.

 

De esta forma Laje, como un alquimista, transforma la homofobia y la misoginia en un acto de rebeldía contra un poder omnímodo. La estrategia es peligrosamente efectiva ya que ofrece lo más rancio del conservadurismo en una nueva envoltura, la de la rebeldía contra el poder maligno de la “ideología de género”, mezclada con el orgullo de formar parte de un grupo selecto que no se deja guiar por las masas irreflexivas (eso que Freud llamaba el narcisismo de las pequeñas diferencias).

 

Además, el libro es atractivo porque le otorga insumos a cierta intelectualidad pedantemente aristocrática para la cual la expansión de las luchas por el reconocimiento de derechos es tanto más despreciable cuanto más cala en las mayorías. 

 

Este discurso ha podido salir de los círculos más restringidos de la ultraderecha porque, al mismo tiempo, le hace guiños a los sectores liberales, al defender la propiedad privada y las libertades económicas, y le tiende la mano al conservadurismo más iliberal, ese que pretende ceñir las libertades de las mujeres y las personas con preferencias e identidades sexuales diversas apelando al orden supuestamente natural de las cosas.

 

Quienes desde diferentes trincheras defendemos los derechos humanos no podemos ignorar la creciente influencia de estos discursos en amplios sectores de la población. Sin duda, debemos enfrentarlos en el terreno de las ideas y en la disputa por el sentido común, sin embargo, contrario a quienes consideran que el único intercambio de ideas legitimo es el que tiene lugar entre individuos ponderando argumentos supuestamente asépticos en un espacio presuntamente neutral, considero que manifestarse, organizarse y presionar son formas de intervenir racionalmente en el debate público.

 

Por lo mismo, celebro a quienes se han manifestado en contra de que estos discursos contrarios a los derechos humanos se pronuncien en el interior de un recinto universitario y a las autoridades que han sido sensibles a las voces de la comunidad estudiantil.      

 

  

 

 

Ricardo Bernal

Ricardo Bernal

Profesor Investigador en la Universidad La Salle. Doctor en Filosofía Moral y Política por la UAM-I con estudios de doctorado en la Universidad Paris VIII. Editor responsable de Logos Revista de Filosofía de la Universidad La Salle. Ha coordinado los libros El Derecho contra el Capital (Contraste, 2016) y Reconocimiento, justicia y paridad participativa (Parmenia, 2019).