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Un violador en el camino de la 4T

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La protesta feminista es internacional, poderosa y con un cuestionamiento duro y contundente hacia la dominación patriarcal. La intervención que surgió a iniciativa del colectivo #LasTesis, cuatro chicas de Valparaíso, Chile, en pocos días se hizo viral y tuvo eco en centenares de ciudades en el mundo. En nuestro país, grupos de mujeres salieron a calles y plazas públicas en Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Xalapa, Veracruz, Oaxaca, Saltillo, Mérida, Ecatepec, entre otras, sumándose así a miles de mujeres más en París, Nueva York, Quibdó, Londres, Santiago, Madrid, Barcelona, Valparaíso, Bogotá y vaya usted a saber cuántas ciudades más.

La protesta feminista es de enorme relevancia puesto que apunta hacia uno de los ejes de la dominación social, el patriarcado (los otros son el capitalismo y el colonialismo), por lo que mal haríamos en hacer oídos sordos a sus consignas, a sus reclamos, a sus exigencias, a su airada y plenamente justificada indignación. Los destinatarios prioritarios de la protesta somos tú y yo, somos nosotros: hombres de cualquier ideología, nivel socioeconómico, profesión, religión, edad, que con plena conciencia y dolo, o bien por ignorancia y sin pretender conscientemente hacerlo, reproducimos el orden patriarcal. Pero la lucha de las feministas es también contra algunas mujeres que forman parte y reproducen las condiciones de la dominación masculina. E insisto en el punto: es necesario escuchar las exigencias de las mujeres y comenzar a generar las iniciativas para transformar las relaciones sexo políticas que dan lugar al patriarcado y sus instituciones.

 

El patriarcado es un juez,

que nos juzga por nacer

y nuestro castigo es

la violencia que no ves.

 

La enorme jornada de protesta feminista ocurrió en la misma semana en que el presidente Andrés Manuel López Obrador rindió su primer informe de gobierno ante una Plaza de la Constitución repleta: 250 mil personas, según los cálculos de varios medios de comunicación; además, el informe fue seguido por miles de personas más en todo el país e inclusive más allá de las fronteras. Cada quien tendrá su opinión sobre el informe; en lo personal, me pareció un ejercicio democrático de enorme valía que ratificó el enorme apoyo popular para AMLO y su Cuarta Transformación. Vimos a un verdadero estadista que lo mismo brindó su abierto y franco apoyo a Evo Morales, que hizo un balance sobrio de los logros de su administración y ratificó los ejes de su proyecto de gobierno: austeridad republicana, combate a la corrupción y, lo más relevante, el decidido compromiso por gobernar principalmente para los pobres. Y sí, ojalá y en un año las transformaciones institucionales sean de tal calado que sea imposible un retorno a las épocas de la simulación democrática, el gobierno de y para los cuates y el atraco vil de las finanzas públicas.

La gran deuda de la 4T es la seguridad ciudadana, incluso más que el nulo crecimiento económico. Y si hemos de puntualizar, la mayor deuda es con las mujeres: en promedio, diez mujeres son asesinadas cada día. En promedio, 50 mujeres diariamente sufren agresión sexual en nuestro país. En promedio, cada día hay tres feminicidios. Agregue usted el acoso en espacios laborales, en escuelas, en medios de transporte, y la violencia en casa, por supuesto. México es un país depredador de mujeres y las filiaciones políticas no explican la violencia contra ellas: no es un problema del viejo régimen representado por el PRIAN, si así lo fuera, los estados y municipios gobernados por Morena tendrían escenarios menos ominosos, y no es así. En la siguiente liga puede usted consultar los datos oficiales sobre violencia contra las mujeres: https://drive.google.com/file/d/1hyAQksYg80s5Fxb_PKn0-q740zf7RCo8/view

 

Es feminicidio.

Impunidad para el asesino.

Es la desaparición.

Es la violación.

 

De allí que llama la atención que en su informe AMLO no hiciera el menor comentario, ni autocrítica por supuesto, sobre la violencia hacia las mujeres. Nada, ni un solo comentario, ni una sola referencia, así fuese tangencial. La violencia contra las mujeres estuvo totalmente ausente en el discurso de AMLO: la violencia que no ves.

En la plaza que días antes estuvo llena de mujeres protestando al grito de: el Estado opresor es un macho violador, allí mismo, en el mismo lugar, su protesta fue desoída por el presidente. Irónicamente, ahora la voz de miles de mujeres estalla con mayor fuerza, luego de estar ausentes en el discurso del poder:

 

El violador eras tú

El violador eres tú

Son los policías

Los jueces

El Estado

El presidente

 

“Un violador en el camino” gritaron alto y fuerte miles de mujeres en decenas de ciudades de México, y la 4T no escuchó absolutamente nada. Lamentable. Apelar a los valores familiares o a la inefable “Cartilla Moral” para hacer frente a la violencia significa no sólo no entender, sino desconocer la lucha de años de las feministas en México y en el mundo. La violencia contra las mujeres requiere de políticas específicas, de transformaciones institucionales, de formación de especialistas, de capacitación de funcionarios públicos, de lucha contra la trata, de modificaciones legales, entre muchas otras acciones.

Hay mucho trabajo por hacer: nos corresponde a los hombres hacernos cargo de nuestra violencia. El problema no es de ellas: el problema somos nosotros. El problema es la dominación patriarcal. Dominación que reproducimos, también, a través del silencio.

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Alejandro Saldaña Rosas

Alejandro Saldaña Rosas

Doctor en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Académico e Investigador en la Universidad Veracruzana. Autor del libro Momentos de Gracia: Organizar lo Imposible (2009) y articulista en temas sobre estudios en gestión y gestión de empresas de base creativa.