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Políticas del cuidado para la resistencia

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América Latina vive tiempos convulsos, en muchos territorios, en diversas geografías, muchas personas y pueblos están enfrentando múltiples luchas y poniendo literalmente el cuerpo para defender la vida. En los últimos días Ecuador nos ha dado una imagen tan aciaga como reveladora: levantamientos y protestas que, cual ebullición, se generaron en tanto sólo unas horas en distintas latitudes de dicha nación. La causa: el llamado “paquetazo” promovido por el presidente Lenín Moreno, el cual forma parte de un plan económico creado como acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para disminuir su déficit fiscal, este plan incluía el fin del subsidio de los combustibles que los mantuvo en costos accesibles durante 40 años y que, en la práctica, significa el encarecimiento del costo de vida del común de las personas. Además, se anunció una reducción en los contratos temporales, reducción de vacaciones y aportación de un día del salario mensual al fisco; todo esto junto impactaba en el sector público. Lo que vino después de esto ya lo sabemos: un paro convocado por el sector transportista y que fue continuado por multitudinarias movilizaciones convocadas por los pueblos indígenas y campesinos, estudiantes, trabajadores y trabajadoras de otros sectores que se extendieron por 12 largos días. El llamado colectivo a la movilización fue contestado con una declaratoria de estado de excepción que devino rápidamente en el endurecimiento de las protestas y la expresión brutal de la fuerza del Estado.

Las lecturas e interpretaciones de lo que sucede en Ecuador pueden ser muchas y sobre distintos aspectos, ningunas de ellas disociadas entre sí:

 

  1. Un modelo económico promovido por una política que no es necesariamente interna, sino internacional;
  2. La deuda pública generada por gobiernos anteriores y las propuestas cuestionables del actual presidente para salir de ésta;
  3. El estado de excepción y el ejercicio excesivo de la fuerza;
  4. La explosión de la crisis social y política; etc.

 

Del complejo recurso jurídico que tienen los Estados para declarar tiempos de suspensión de derechos en donde las fuerzas armadas están avaladas para mantener el “orden” a costa de lo que sea, donde la la libre expresión está más que limitada, podríamos decir mucho, dedicar un espacio amplio para hablar de la excepción, en realidad parece ser la extensión de la “norma”, sin embargo, esta vez elegimos concentrarnos en otro asunto, o mejor dicho, en otro orden de la discusión, contestando así al llamado de solidaridad y centrándonos, sí en el poder de arriba, pero reflexionando con aquellas voces que mantuvieron en tensión el contexto político de Ecuador.

 

Hoy miramos las luchas de los pueblos ecuatorianos porque pensamos que hay una traza pedagógica en la acción del mirar(nos) en las experiencias que germinan en otros territorios, que a veces, muchas más de las que notamos, mantienen cercanía con nuestras historias pasadas o por un gesto anticipador de lo que tenemos que mirar en el futuro.

 

En Ecuador asoma el “Estado Feroz”, nos dijeron las voces desde allá, al mismo tiempo que vimos –y seguimos viendo- la gestión de una impresionante movilización colectiva y una extendida cadena de cuidados: con la llamada al paro nacional vinieron los comedores comunitarios y los lugares de resguardo para descansar y pernoctar, los centros de acopio para recaudar todo lo necesario que les permitiera mantenerse en las calles resistiendo a las inclemencias de un poder que a ratos mayúsculos parecía desconocer la capacidad de los pueblos para defender sus causas y organizarse, esa potencia contestataria de aquella actitud de contemplación desde la que no se reconoce mayor participación política que la que se cierne en las urnas. Estados “democráticos” se llaman, pero como nos ha dicho el Colectivo Situaciones (2009), lo democrático está en medio de una disputa de interpretaciones, de una definición ad hoc –a modo- de los propios intereses.

 

En medio de esa vorágine de imágenes estremecedoras llegadas desde Ecuador, lo que hemos presenciando es la propagación de políticas del cuidado que da lugar y reconocimiento a las comunidades indígenas que se han mantenido en lucha histórica, pero también de todas las organizaciones populares, campesinas y trabajadoras que resistieron por días al asedio y violencia de la fuerzas militares y policiales; políticas del cuidado que resultaron ser esenciales para mantener la demanda de la derogación del decreto 883 que consumaba el paquetazo y parte del plan económico propuesto por Lenin Moreno que, en lo estructural, les demuestra la tendencia a profundizar un modelo económico y político extractivo y de despojo. Políticas de cuidado que se han levantado como una de las bases y principios de la movilización opositora; si las fuerzas policiales, como segundo brazo armado del poder estatal ecuatoriano, ejecutaron acciones violentas de represión en zonas de resguardo es porque entienden que gran parte de la potencia movilizadora se concentra ahí, en esos sitios en los que el alimento, el cobijo y el descanso son, ya, un ejercicio político de autogobierno, de reproducción autónoma y colectiva de la vida -de las vidas- que se contrapone con la idea hegemónica de que el control de la diversidad de las prácticas políticas es potestad de quien detenta la insignia de “Presidente/a de la nación”.

 

No hay duda, sabemos que frente al levantamiento de los pueblos ancestrales no faltará el conjuro que intente evitar cualquier salida del paradigma de desarrollo económico que ha instaurado un régimen de precarización, expulsión y abandono, y que proliferará el juicio de, como diría Arturo Escobar, “una opinión pretendidamente superior”[1], incapaz de sumergirse en la reflexión sobre las razones que tienen determinados grupos y comunidades para negar dicho paradigma.

 

Entonces, permítanos recurrir al argumento de la imaginación política; primero, para recrear las narrativas que nos permitan reconocer, sujetar y expandir la práctica política del cuidado en nuestros territorios; segundo, para, como hemos dicho antes, reconocer el gesto anticipador de lo que tenemos que mirar nosotras y nosotros, pero también ellos y ellas, quienes están o aspiran a tener el poder –político y económico- de un país diverso como el nuestro, en donde los procesos colonizadores parecen estar en constante reactualización. Subestimar la perspectiva lúcida de las comunidades indígenas y signarla con la idea de ignorancia y retroceso puede hacernos perder de vista que hay muchas probabilidades de que el ajuste político no venga del movimiento tradicional de la izquierda a la derecha y viceversa, sino de abajo hacia arriba, ya nos lo dijeron las mujeres indígenas en Ecuador: “exigir de pie los derechos, nunca de rodillas”.

 

Las protestas en Ecuador parece que rindieron frutos, y aunque aún nos falta ver qué viene después del logro de la derogación del decreto 883, el triunfo político de las personas que se movilizaron, nos ofrece señales de la potencia que podemos encontrar en distintos lugares de esto que llamamos México y nos impone una pregunta: ¿qué seríamos capaces nosotras y nosotros frente a un escenario similar?

 

Terminamos con unas palabras que, en medio de la crisis, surgieron para llamar la atención de lo que ahí sucedía, pero que desde nuestro pensar y sentir es una manera de propagar a gran escala el ejercicio del cuidado colectivo, nos dice Cristina Vega Solís, investigadora de Flacso-Ecuador: “[…] precisamos hoy de una fuerte presión internacional para frenar la violencia de un Estado que irrespeta los derechos más básicos tachando a la población que protesta de zángana, vándala y ladrona. Precisamos valorar la vida que nos rodea, las expresiones de apoyo mutuo y el descontento que se levanta, no ya sólo contra el paquetazo, sino contra un gobierno vil.
Necesitamos toda la fuerza del acompañamiento, necesitamos toda la rabia de la verdad.” (https://www.eldiario.es/interferencias/Ecuador_6_950914902.html)

 

 

[1] Colectivo Situaciones, et. al. (2009), Conversaciones en el Impasse, Buenos Aires: Tinta Limón.

Mitzi Elizabeth Robles Rodríguez

Mitzi Elizabeth Robles Rodríguez

Estudié una licenciatura en Filosofía y una maestría en Humanidades en la UAM. Busco incidir en la construcción de espacios colectivos en los que se garanticen la vida y dignidad de todas las personas, sobre todo de aquellas que han sido históricamente oprimidas y marginadas política, social, económica y culturalmente. Mis temas de interés son: feminismos, razón de Estado y excepcionalidad, violencia política, manifestaciones contemporáneas de la violencia extrema y desaparición de personas. Actualmente colaboro en la Dirección de Incidencia de la Ibero y formó parte del colectivo "Hasta encontrarles CDMX"