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El Grito en la 4T

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Nunca antes en la historia reciente de México había habido una ceremonia del Grito de Independencia como la de este año. Porque nunca antes el ritual patriótico había sido encabezado por un presidente tan querido como Andrés Manuel López Obrador. Sí, se trata de una fecha histórica, desde luego. Apoteósica sin duda, entusiasta cuando menos, inolvidable por supuesto, la ceremonia del Grito en el zócalo de la Ciudad de México es ya un referente, un parteaguas, en la memoria histórica de los rituales cívicos nacionales.

La tradicional ceremonia del Grito de Independencia dejó en claro que el fervor nacionalista acicateado por el presidente Andrés Manuel López Obrador puede ser la enegía social que saque al país adelante. Como nunca antes se había visto en la historia reciente de México (en los últimos cincuenta años, cuando menos) la ceremonia del Grito fue mucho más que el acto protocolario que se cumple puntualmente, pero sin mayor entusiasmo ni perspectiva de futuro. Este año fue diferente: lleno a tope (sin acarreados), enorme alegría, respeto en la fiesta, fervor patrio y los gritos de ¡presidente, presidente! y de ¡no estás solo, no estás solo! que acompañaron a López Obrador en su primer Grito como presidente.

Los veinte ¡vivas! de AMLO fueron coreados por las miles de personas presentes en el zócalo, pero también por millones de mexicanas y mexicanos en el país, en los Estados Unidos, en América Latina, en Europa, en todo el mundo. Se gritó alto y fuerte ¡viva México! Y aunque sea por una noche, por un momento, casi todo México se volvió a sentir fuerte, vivo y con esperanzas.

Sin embargo, la euforia patria no llegó a todo el país, ni obviamente es compartida por todos. Al menos en 6 municipios de cuatro estados, la ceremonia del Grito debió cancelarse por las condiciones de violencia e inseguridad. En Puebla, el Grito se canceló en los municipios de Ahuazotepec, San Martín Texmelucan y Guadalupe Santa Ana; en Michoacán los municipios de Tlaquepaque y Buenavista y en Sonora el municipio de Empalme, no celebraron el ritual patrio. Elocuente y simbólico: la más importante fecha del calendario cívico cancelada por la inseguridad y la violencia, el principal problema que aqueja al país y que a decir verdad, la forma de enfrentarlo en el corto plazo, no ha dado resultados positivos. Simbólico también resulta que la espiral de violencia que lacera al país iniciara, justamente, un 15 de septiembre de 2008 en Morelia, Michoacán, tierra del espurio ex presidente Felipe Calderón, mejor conocido como el “Comandante Borolas”.

AMLO se ha revelado como un verdadero maestro en el manejo de los símbolos y eso, sin duda, le ha redituado un enorme capital político que le ha llevado no sólo a ganar la elección presidencial por segunda vez (la primera fue en 2006) sino a tener gran respaldo a sus políticas e iniciativas e incluso, a que sus errores e imprudencias sean menospreciadas, disculpadas y olvidadas con rapidez. En este sentido, una fecha de enorme peso simbólico (el origen de México como nación independiente, nada más) no iba a ser desaprovechada por el presidente que se siente, se vive, el heredero de las gestas heróicas iniciadas en la guerra de Independencia de 1810, prolongadas en el periodo de la Reforma, estalladas violentamente en la Revolución de 1910 y continuadas en la llamada “cuarta transformación”, encabezada por él mismo. Solamente el tiempo dirá si la 4T fue realmente una transformación tan radical como las tres anteriores, lo que hoy podemos decir es que quizás el mayor éxito político del presidente AMLO sea en el terreno simbólico al separar el “antes” (corrupto, neoliberal, conservador) del “presente” (honesto, austero, progresista) representado, precisamente, por la 4T.

Sin embargo y paradójicamente, el éxito simbólico (el real está por verse, en el mediano plazo) de la 4T representa, al mismo tiempo, su principal debilidad y hasta su indeseado fracaso. Porque ahora todo gobierno emanado de MORENA es asociado a la 4T, es inevitable que así sea, pero no todos los gobernantes que han ganado elecciones por el partido del presidente tienen el olfato político, el talento mediático, la capacidad de trabajo ni el manejo simbólico que, nos guste o no, posee AMLO. Agregue a usted que MORENA es todo, menos una escuela de formación política, con principios e ideología claros, al menos no hasta ahora. Esto significa que los dislates, las incongruencias, los absurdos, las transas, los abusos, las ausencias, y todos los yerros cometidos por servidores públicos emanados o vinculados con MORENA, van a la cuenta de la 4T. Si es justo o no, es lo de menos, así es la política.

Y a la cuenta de la 4T va el enorme e injustificable error del gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez al contratar, para el festejo posterior al Grito, a la banda La Adictiva a la que se pagó, según el mismo servidor público emanado de MORENA (es decir, de la 4T), la espeluznante cantidad de 6.7 millones de pesos. Leyó usted bien: más de 6 millones de pesos por un concierto de ¿dos horas? Quizás menos, quizás más, no lo sé, pero a todas luces es un gasto descomunal que en nada se ajusta a la política de austeridad pregonada por la 4T. Y no sólo eso, se hizo un gasto absurdo, desde luego, pero aún peor: se le dio la espalda al talento local.

El gobernador de Veracruz cumplió con el ritual del Grito de Independencia, desde la Plaza Lerdo de Xalapa. Sin embargo, el festejo se ensombreció por el lamentable accidente con la pirotecnia, que habría dejado alrededor de veinte lesionados y una persona fallecida (al parecer por circunstancias ajenas al accidente). Los responsables del accidente deberán ser sancionados conforme a la ley y los heridos atendidos con atingencia hasta la curación plena de todas sus lesiones. Muy triste, muy lamentable el accidente, que servirá a los detractores del gobernador veracruzano para cargarlo a la cuenta negativa de la 4T.

Cuitláhuac García es un buen hombre: honesto, trabajador, bien intencionado, pero esos atributos no son suficientes para gobernar un estado tan complejo como Veracruz. El 99% de honestidad y 1% de capacidad (que dice AMLO son suficientes para gobernar) a todas luces no sirven para conducir esta entidad (ni ninguna otra). Si de algo no goza Cuitláhuac García es de amplio capital político, tampoco de presencia mediática, ni puede presumir los grandes logros de su administración (que están por verse y seguramente vendrán). En estas circunstancias, es totalmente incomprensible dilapidar el flaco capital político mediante la contratación de un grupo que, más allá de preferencias musicales personales, cuesta un ojo de la cara. Sobre todo porque en Veracruz, y en Xalapa en particular, hay músicos talentosos a racimos, para dar y regalar. Es un decir popular que si en Xalapa levantas una piedra, sale un músico. Y no es exageración: el talento musical es inmenso. Entonces, ¿por qué pagar 6 millones de pesos por una banda, cuando por el mismo dinero, o menos, se pudo haber contratado a 1, 3 o 5 extraordinarios grupos locales? No lo sé, pero no puedo evitar la sospecha de que esa pésima decisión huele, apesta, a fuego “amigo”. Por cierto, la ceremonia del Grito, hasta donde tengo entendido, quedó al cargo de la Secretaría de Gobierno cuyo titular es Eric Cisneros Burgos.

Tremendo brete en el que metieron sus colaboradores al gobernador Cuitláhuac García: en lugar de demostrar ante medios y redes que su gobierno apoya al talento local, estimula la economía regional, se compromete con la austeridad republicana, etc., el gobernador veracruzano ha sido obligado a dar maroma y media para justificar el gasto (que no la inversión) por la contratación de un grupo musical que será muy bueno o no (desconozco), pero que a la comunidad artística veracruzana le ha caído como un golpe bajo. Ninguna justificación es suficiente: el yerro, cargado a la cuenta de la 4T, es inocultable.

Y también a la 4T se va a cargar la ausencia del presidente municipal de Xalapa, Hipólito Rodriguez Herrero, en la ceremonia del Grito de Independencia. El académico, vuelto alcalde gracias a MORENA, tiene una impecable justificación para su ausencia: viajó a Brasil para estar presente en la Tercera Reunión de la Plataforma Mundial para Ciudades Sostenibles “Catalizando futuros urbanos sostenibles”, convocada por el BID. El viaje (aprobado por un cabildo a modo, carente de autocrítica) no costará un centavo a las finanzas municipales, se justifica plenamente por la temática de la reunión (cambio climático), seguramente (o no) traerá enormes beneficios a la capital veracruzana, pero en una lectura política de los mensajes y los símbolos, hay un hecho incontrovertible: el presidente municipal de Xalapa no acudió a un ritual cívico de profunda huella, un evento histórico en muchos sentidos. Quizás, me atrevo a aventurar, pudo haber viajado unas horas más tarde, un día después, llegar tarde a la reunión, faltar al primer día de sesiones, pero no, antes que estar presente en el más importante ritual cívico nacional, optó por viajar a Brasil. No sé si está bien o está mal, el hecho es que no estuvo al lado del gobernador, ni un poco más allá, ni en segundo o tercer plano, ni en ningún sitio: no estuvo. No está.

Ese es el mensaje del Grito en el contexto de la 4T, al menos en Veracruz: por una parte, un compromiso transformador de largo aliento (ya veremos), por otra parte, lamentables yerros e imperdonables ausencias. No obstante, el saldo para la 4T, en mi opinión y a pesar de los errores y las ausencias, es positivo, gracias a la fuerza política y simbólica del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Alejandro Saldaña Rosas

Alejandro Saldaña Rosas

Doctor en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Académico e Investigador en la Universidad Veracruzana. Autor del libro Momentos de Gracia: Organizar lo Imposible (2009) y articulista en temas sobre estudios en gestión y gestión de empresas de base creativa.