Sorry, your browser does not support inline SVG.
Sorry, your browser does not support inline SVG.

Empatía y legalidad: lecciones por aprender (Margensur)

Compartir:

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Compartir:

Alejandro Saldaña Rosas

Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

 

Empatía y legalidad: lecciones por aprender

 

“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”.

Ryszard Kapuściński

El miércoles 29 de mayo se presentó una situación inusitada: una mujer de alrededor de 35 años súbitamente irrumpió en la cotidianidad de Xalapa, que a esa hora transcurría con la normalidad acostumbrada: gente haciendo trámites en oficinas de gobierno, tertulias en cafés y restaurantes, estudiantes en tránsito hacia su escuela, empleados ocupados en cumplir con su trabajo. De pronto, una mujer irrumpió con sus palabras desorganizadas, con su mirada divagante y su andar errático por diferentes espacios: un café, la catedral, un banco, entre otros. La irrupción tomó a todo mundo por sorpresa (de otra forma no hubiese sido una irrupción, obviamente), por lo que las reacciones ante lo inesperado fueron del asombro al escarnio, de la incomprensión al temor. Algunas personas incluso pensaron que se trataba de un performance o un flash mob (común en esta ciudad), pero minutos después era evidente que la mujer padecía un trastorno emocional que después se supo era un brote psicótico, esto es, una crisis temporal de ruptura con la realidad.

La crisis de “E” (posteriormente se sabría su nombre, pero omito mencionarlo por respeto a su derecho) en el centro xalapeño duró más de tres horas, según reportan testigos. Coincidió con la presencia de numerosos reporteros y fotógrafos que cumplían su jornada de trabajo cubriendo una rueda de prensa que empresarios locales ofrecían en un café del centro, por lo que la cobertura mediática fue abrumadora: fotos, videos, incluso transmisión en vivo del sufrimiento emocional de “E”, al punto de que una vez que se conoció su nombre, se hizo público.

El registro que hicieron los medios (y muchas personas que de inmediato sacaron su celular para grabar) no fue el más atinado e incluso en algunos casos se podría calificar de lamentable puesto que se violaron los derechos de “E”. No es mi punto de vista, es lo que marca la ley.

Se entiende que la irrupción quizás para algunos fue violenta, si bien nunca atacó a nadie, nunca puso en riesgo la vida de otras personas, ni la suya; sin embargo, la empatía con “E” que uno esperaría de profesionales de los medios de comunicación, fue tibia: cuando más, llamar a las autoridades para que se hicieran cargo. Fue más importante la “información” que el respeto a la dignidad de una persona en un momento de crisis emocional. La empatía no estaba en llamar a las autoridades (presentes, por cierto) sino en la manera de cubrir “la nota”. No pretendo indicar la forma de hacer su trabajo, simplemente expreso mi desacuerdo con el tratamiento informativo que dieron a la crisis emocional de una persona. Y mi desacuerdo no es solamente porque no me gustó (asunto subjetivo) sino porque fue un abordaje violatorio de derechos humanos.

Equivocadamente se ha dicho que no hubo presencia de autoridades municipales ni estatales, no es así. Al menos personal de la Secretaria de Gobierno estatal estuvo presente prácticamente durante todo el tiempo, también acudió personal de la CEDH y de la Cruz Roja local. Se hizo una intervención discreta y atinada, a través del diálogo y construyendo, antes que nada, el mínimo rapport para estar en condiciones de apoyar con eficacia, tacto y, si me permite usted, con amor. Un psicólogo de la Dirección de Cultura de Paz y Derechos Humanos de la Segob fue quien logró establecer contacto y rapport con “E” y le acompañó todo el tiempo, a veces muy próximo, a veces con mayor distancia, pero siempre presente. Gracias a él, “E” pudo ser atendida y trasladada a una clínica, con la autorización expresa de su madre.

Sin empatía no se puede intervenir sin violentar los derechos de la otra persona, sin incurrir en el delito de abuso de autoridad. Más aún cuando, insisto, no estaba en riesgo la vida de nadie (lectura que se hace en el momento y que por supuesto no está exenta de errores) y que, si acaso, subvierte efímeramente la reproducción de la vida cotidiana, hecho que se califica a la ligera como “alteración del orden público”, “desmanes en la vía pública” u otras expresiones similares.

Los cuestionamientos, muy válidos por cierto, sobre que no hay “protocolos” para intervenir en casos similares no han sido fundamentados con suficiencia y, sobre todo, con apego a derecho. Desconozco si existe alguna ciudad del mundo en la que haya protocolos específicos de intervención en situaciones de brotes psicóticos, lo que en México y en todo el mundo hay son leyes que protegen los derechos humanos y acotan tanto a las autoridades de gobierno como a la ciudadanía en su conjunto, incluidos periodistas, desde luego; son leyes y acuerdos internacionales suscritos por nuestro país y, por lo tanto, de observancia general. Si los periodistas y los dueños de los medios de comunicación desconocen la legislación al respecto, es momento de reconocerlo y tomar las medidas pertinentes para corregir esa carencia.

En el caso de “E” sus derechos fueron violentados, quizás no con mala intención pero sí posiblemente por ignorancia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (https://www.un.org/es/documents/udhr/UDHR_booklet_SP_web.pdf) en su artículo 12 señala: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. Fotografiar o grabar en video a una mujer que padece una ruptura temporal con la realidad y por ende no es consciente de sus actos ni ejerce su voluntad con albedrío, vulnera su honra y su reputación. Insisto: quizás no hubo mala intención, pero exponer a una persona, sobre todo a una mujer, en esa situación es sumamente violento y atenta contra su dignidad. Y denota total falta de empatía puesto que el valor de la “información” impide ponerse en el lugar de la otra persona, impide aproximarse a su dolor, impide la autoreflexión.

Por otra parte, la Convención Americana sobre Derechos Humanos (https://www.oas.org/dil/esp/1969_Convención_Americana_sobre_Derechos_Humanos.pdf) establece en su artículo 5.1. que “Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral”. Subrayo: su integridad física, psíquica y moral. Grabar, fotografiar y/o trasmitir en vivo el brote psicótico de una mujer y estigmatizarla con diferentes calificativos (trastornada, drogada, afectada de sus facultades mentales, entre otros) es violatorio del artículo 5.1. de la CADH.

En el mismo documento, conocido como Pacto de San José, en el artículo 11 se señala que: “1. Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad. 2. Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación. 3. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra esas injerencias o esos ataques”.

El subrayado es mío y le pido, amable lectora, amable lector, que no me crea cuando señalo que los derechos a la honra y la dignidad de “E” fueron violentados. Dude usted de mi palabra y forme su juicio: simplemente abra su navegador, vaya a Google y escriba “mujer centro de Xalapa”. Hágalo, por favor. Si para usted los medios de comunicación buscaron en todo momento preservar los derechos de “E”, yo estoy en un error y no tengo problema alguno en reconocerlo. En mi opinión, no fue así: lo que menos importó fueron los derechos de “E”, supuestamente porque antes estaba el derecho a la libertad de expresión.

Bien, de acuerdo. Solamente hay que recordar que en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 6º, se establece que “la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley”. Y en este caso, hay un ataque a los derechos de “E” e incluso a su vida privada (así su manifestación haya sido en espacios públicos).

Me han preguntado: según tú, ¿qué debieron haber hecho los reporteros? Mi respuesta es que no es según yo, no es mi opinión, sino lo que marca la ley. ¿Qué debieron haber hecho? Apagar sus cámaras y respetar la privacidad de “E”. Hacer la nota sin violentar los derechos de terceros.

Hay otro dato, obvio, contumaz, irrefutable, imposible de soslayar: es una mujer y fue tratada mediáticamente con discriminación, estigmatizada, señalada. No me crea, vaya a Google y vea los titulares de varias notas “informativas”: “mujer escandaliza”, “mujer se desnuda en Catedral”, “mujer interrumpe conferencia y se desnuda”, “mujer causa inconvenientes viales y se desnuda”, etc. Colocar su condición de mujer (que se desnuda, además) como eje de la nota es violatorio de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGAMVLV_130418.pdf), que en su artículo 16, referido a la violencia en la comunidad, señala: “Son los actos individuales o colectivos que transgreden derechos fundamentales de las mujeres y propician su denigración, discriminación, marginación o exclusión en el ámbito público”. Sobre este punto me parece que lo más prudente es escuchar la voz de las mujeres: ¿se violaron los derechos de “E”?

La experiencia vivida hace unos días en Xalapa nos da la oportunidad de aprender algunas lecciones. En lo personal, reconozco que me excedí en mis comentarios en redes sociales al generalizar y decir “miserables periodistas, miserables medios, miserable gente”, sobre todo en un contexto de enorme riesgo para el ejercicio del periodismo. Pido disculpas por mi comentario hecho a bote pronto, irreflexivo, emocional. No todos los periodistas, ni todos los medios, ni toda la gente son miserables, pero algunos sí.

Por la parte de las autoridades, considero que los mecanismos de coordinación y la definición de los ámbitos de competencia pueden afinarse enormemente y, sobre todo, generar condiciones de certidumbre a los ojos de una ciudadanía sorprendida tanto por lo ignoto como por lo corriente: es importante, necesario, que se vea, que se sienta, y que actúe la autoridad.

Y considero que sería de enorme beneficio, para todas y todos, que periodistas y medios de comunicación asuman su responsabilidad. Un poco de humildad para reconocer sus errores, es muy necesaria. Reconozcamos que en materia de empatía y legalidad, todas y todos tenemos muchas lecciones por aprender.

Invito a usted, gentil lectora, gentil lector, a hacer un ejercicio de empatía, muy sencillo y breve. Trate usted de colocarse en la situación de “E”. Piense en su familia: en sus padres, su(s) hijo(s), sus hermanos, sus tíos y primos, sus abuelos, en fin, en su núcleo primario de amor; también piense en sus amistades y compañeros de trabajo, en sus colegas de la universidad, en sus amigas de la secundaria y la prepa, en sus vecinos. En fin, trate de ponerse en sus zapatos y en su alma, sin juicios ni calificativos. Llore con ella, si así le nace, el dolor emocional que la llevó a un acto desesperado -o lúcido- en el centro de Xalapa. No la juzgue, no la incrimine, no la avergüence más. Y después haga un esfuerzo para tratar de imaginar, así sea muy a la distancia, a “E” cuando haya salido del evento emocional que la llevó a irrumpir en el centro de Xalapa. Porque fue eso, un evento, algo pasajero que no define su identidad ni determina su historia, ni la hace menos en cuanto mujer, en cuanto ser humano. ¿Qué sentiría al verse expuesta en videos y fotografías tomados cuando estaba en un momento de crisis? ¿Qué sentirían su hijo o su hija? ¿Y sus padres? ¿Y sus amistades? ¿Qué carajos le ha aportado a ella que su dolor haya sido trasmitido en vivo? ¿Qué valor informativo para la comunidad tienen esas imágenes, esos videos? En temas de salud mental, todas las personas estamos expuestas, y todas merecemos respeto y empatía.

Termino esta larga colaboración con unas palabras de la dramaturga Sara Kane, de su obra “La psicosis de las 4:48”:

Y aquí estoy yo

y allí está mi cuerpo

baila en el cristal

En un momento accidentado en el que no suceden accidentes

No hay elección

la elección viene después

Cortadme la lengua arrancadme los cabellos amputadme las extremidades

pero dejadme el amor.

Alejandro Saldaña Rosas

Alejandro Saldaña Rosas

Doctor en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Académico e Investigador en la Universidad Veracruzana. Autor del libro Momentos de Gracia: Organizar lo Imposible (2009) y articulista en temas sobre estudios en gestión y gestión de empresas de base creativa.

Rompeviento TV

Es un medio de comunicación digital crítico e independiente.

En Rompeviento TV damos fuerte cobertura a la precaria situación que viven millones de personas en México debido a la violencia, la inseguridad, la corrupción y la impunidad que ha imperado en México.

Rompeviento TV se transmite en televisión abierta en siete estados de los Estados Unidos de Norteamérica.

Tu apoyo nos permite:

1- Ampliar las coberturas informativas sobre seguridad, DH, corrupción;

2- Fortalecer el área de investigaciones especiales.