El síndrome del huachicol

El síndrome del huachicol

Alejandro Saldaña Rosas

Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

 

El síndrome del huachicol

 

La sociedad no es una mera suma de individuos, sino que el sistema formado por su asociación representa una realidad específica con características propias. Émile Durkheim

Propongo el concepto de síndrome del huachicol para caracterizar a las sociedades que justifican los abusos, robos, extorsiones, violencia y demás infamias de que han sido víctimas durante años. Si el síndrome de Estocolmo describe la reacción psicológica de una persona que ha sido secuestrada y demuestra afinidad y hasta complicidad con su(s) secuestrador(es), el síndrome del huachicol es la reacción colectiva de sociedades que justifican el robo sistemático de sus bienes, sus recursos, su patrimonio, inclusive que argumentan a favor de que sus derechos ciudadanos les sean conculcados. El síndrome del huachicol revela la profunda crisis ética y política que padece nuestro país. En la medida en que la gente construye razones y argumentos para justificar lo que de suyo es injustificable, el síndrome del huachicol expresa la fragilidad de la democracia, la vulnerabilidad de las instituciones y la enorme fobia social que priva en vastos sectores de la sociedad mexicana.

En los últimos días hemos visto reacciones enfurecidas en contra de las medidas del gobierno federal para eliminar el robo de gasolina, que, durante el sexenio de Peña Nieto, alcanzó niveles de escándalo; por increíble que parezca, hay quienes cuestionan las iniciativas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para terminar con el robo de combustible o huachicoleo, bajo el pueril argumento de que no responden a una estrategia bien planificada, o que no se previeron las consecuencias de cerrar las válvulas de Pemex para evitar el brutal atraco. Es decir, con tal de no tener que formarse para comprar gasolina, esas personas hubieran preferido que siguiera el robo en lo que se definía “una mejor estrategia”. Síndrome del huachicol: róbame, pero no me dejes sin gasolina.

Lo cierto es que el desabasto de gasolina ha ocurrido solamente en algunas ciudades del país, en el resto (como en Xalapa y Coatepec, donde vivo) no hay ningún problema e incluso el precio ha descendido ligeramente. Pero si el objetivo es hacer escándalo, en las redes y en los medios se ha enfatizado en las largas filas que en efecto hay en ciertas gasolineras, y no en que la gran mayoría operan con absoluta normalidad. Porque el escándalo por el desabasto de gasolina (que no existe, simplemente es demora en la distribución) tiene como objetivo desviar la atención del problema de fondo: el brutal robo que, desde Pemex, el sindicato petrolero y los gobiernos (federal, estatales y municipales) se hizo a la nación durante al menos 18 años. Las administraciones de Peña, Calderón y Fox son directamente responsables del huachicoleo.

El robo a la nación conocido como huachicoleo ha sido perfectamente bien documentado por Ana Lilia Pérez a través de sus investigaciones periodísticas que han dado lugar a dos libros: El Cártel Negro y Camisas Azules, Manos Negras. En ambos trabajos se pone en evidencia que el robo de combustible (y otros productos) a Pemex ha sido orquestado desde la misma empresa en contubernio con el gobierno federal, el sindicato petrolero, autoridades estatales y municipales e inclusive han participado empresas de México y los Estados Unidos que conscientemente han adquirido productos ilegales. Estamos hablando de casi dos décadas, al menos, de sangría a la principal empresa mexicana, aunque a decir verdad el atraco a la nación se afinó a través de la mal llamada Reforma Energética de Peña Nieto.

Es absolutamente imposible que la dirección de Pemex no estuviera al tanto del robo de gasolina, toda vez que los sistemas de control del flujo en los ductos monitorean constantemente el desempeño del sistema por lo que evidencian la disminución en la presión y, por ende, la merma entre la gasolina enviada desde un punto a otro, por ejemplo de una refinería a un centro de distribución. Esto es, los directivos de la empresa no solamente fueron omisos en evitar el robo, sino que hay evidencias que apuntan a que fueron cómplices en el robo a la nación. Y por supuesto que el corrupto sindicato dirigido por Carlos Romero Deschamps fue, sigue siendo, actor principal en el millonario negocio del huachicol, que por cierto es controlado por los cárteles de la droga.

El presidente Andrés Manuel López Obrador no tenía alternativa: o hacía uso de sus facultades como titular del Ejecutivo, o era omiso y por ende incumplía su mandato constitucional. Que le “faltó estrategia”, alegan quienes padecen síndrome del huachicol, evidenciando tanto su inquina hacia AMLO como su egoísmo y falta de solidaridad en los momentos que más se necesita. Son los menos, es cierto, porque la mayoría de la población (alrededor del 70 % según las encuestas) apoya las medidas tomadas por el Presidente.

No es suficiente con cerrar las válvulas, es imprescindible ir hasta el fondo de esta inmensa olla de corrupción y castigar a los culpables. Por lo pronto, los empresarios gasolineros que expendían huachicol deben ser sancionados con firmeza retirando los permisos para comercializar los productos de Pemex. Asimismo, las cuentas bancarias de los actores relacionados con el trasiego de huachicol deben ser congeladas a efecto de llevar a cabo las investigaciones pertinentes.

Otro tratamiento merecen las comunidades en las que los chupa ductos operan y que los mismos pobladores encubren, sino es que participan del ilícito negocio. Hay que reconocer que el huachicoleo tiene una amplia base social que lo soporta, lo promueve, lo encubre: vastas comunidades rurales y urbanas, ya sea por conveniencia o por amenazas, están implicadas en la distribución y venta de gasolina robada. Fracturar esa base de apoyo no será tarea sencilla y no será una acción exclusivamente policiaca o militar, por el contrario, implica un arduo proceso de reconstrucción social que pasa, necesariamente, por generar opciones de empleo, de educación, de diversión y cultura.

El síndrome del huachicol expone con absoluta nitidez la ausencia de cohesión social, de proyecto común, de voluntad colectiva y por supuesto de estado de derecho. El síndrome del huachicol expresado en la justificación del robo de gasolina con tal de no hacer filas en las gasolineras, es uno de los saldos más infaustos del neoliberalismo en México.

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