Formas e intolerancia

Formas e intolerancia

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

Formas e intolerancia

 

Washington – Emociona ver a un hombre que con el respaldo de más de 30 millones de votantes se comporta como cualquier ciudadano de a pie.

Observar a Andrés Manuel López Obrador cargar su propio equipaje al dirigirse a un avión y rechazar privilegios para abordarlo, es un indicador de que los mexicanos no se equivocaron en la elección del primero de julio.

AMLO es el próximo presidente de México y la antítesis de todo lo que representa el poder encarnado en Enrique Peña Nieto y todos sus antecesores del PRI y los dos del PAN.

¡Las formas cuentan! AMLO está cumpliendo con el ejemplo de austeridad en primera persona, debemos reconocerlo.

No hay montaje, el virtual presidente electo de México no finge, él es así, siempre ha sido así; su elección y su testaruda carrera política lo certifican. Sus promesas y discursos de restablecer la justicia tras décadas de abuso de poder, corrupción e impunidad embargan a los ciudadanos que, emocionados cuando lo ven de cerca, le piden la foto, lo jalonean, abrazan y besan y él se deja querer y accede a todo. Es uno de nosotros.

Queda pendiente la materialización de los ofrecimientos que hizo durante la campaña y a lo largo de su lucha por llegar a la presidencia.

Exigir resultados en este momento es absurdo, faltan cuatro meses para que empiece a gobernar y es tan desorbitante la expectativa que se tiene que muchos ya quieren ver resultados.

El diálogo con el que inició su fase de ganador de los comicios ha sido plural para fincar un gobierno incluyente que responda a las demandas de la sociedad en todos sus sectores.

Las prioridades de su mandato las delineó en un decálogo ambicioso en el que todos tenemos que contribuir para cumplirlo.

Es obligación ser cuidadosos y responsables para no darle la razón a los que odian a AMLO porque le declaró la guerra a los privilegios y abusos de los gobiernos corruptos, con lo que se ganó el mote de “Mesías Tropical”.

AMLO es humano y como tal se equivoca y aquí es donde entra en juego la prensa. El sagrado apostolado del periodismo obliga a quienes lo ejercemos a cuestionar sin cortapisas a todos los gobernantes.

La rendición de cuentas es una pieza fundamental e irremplazable de la democracia. AMLO tiene que ser sujeto a ello.

Lamentablemente, hay cierta tendencia a la intolerancia entre la sociedad mexicana que con valentía apostó por el cambio con López Obrador.

No soportan que al tabasqueño se le cuestionen sus decisiones como si éstas fuesen los mandamientos de Moisés. Una defensa ciega a todo lo que hace y dice AMLO no es sana para nuestra democracia.

“Chayotero”, “gato de Peña Nieto” y “corrupto”, son algunos de los adjetivos que su servidor ha recibido por cuestionar la decisión de AMLO de elegir a Manuel Bartlett para dirigir la Comisión Federal de Electricidad, sin siquiera tratar de entender los argumentos para hacerlo. Créanme que ninguna de las tres etiquetas que me ponen es verdad.

Comentaba con un amigo y colega que ha pasado por lo mismo que la defensa a ultranza de AMLO me recuerda la intolerancia de los cubanos. Los de la isla, si les hablas de los errores de la Revolución de los Castro, te tildan de “gusano” y “emisario yankee”. Si a los cubanos que huyeron de Cuba y radican en Estados Unidos les mencionas los éxitos de la Revolución, te acusan de comunista. Con los intolerantes no hay medias tintas, pues.

 

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