Perdonarse

Claudia Soriano Segoviano. Psicoterapeuta Gestalt y psicocorporal.

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Perdonarse 

 

Me marché con el puño cerrado… Vuelvo con la mano abierta. 

Rafael Alberti  

 

Todas las personas tenemos heridas emocionales que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, las cuales muchas veces nos dejan anclados a sentimientos de enojo y dolor hacia determinadas personas y hacia nosotros mismos; quedarnos apegados a esas emociones seguramente nos provocará daños en nuestra salud física, mental y emocional. 

Es necesario e importante asumir que cada quien es responsable de sus propios sentimientos, y de cómo respondemos ante éstos, ya que, independientemente de lo que vivimos, tenemos el poder de transformar esas vivencias en experiencias y aprendizajes, alimentando así nuestro crecimiento personal. Hacernos conscientes de este poder nos posibilita hacer cambios en nuestra percepción, y así podemos ver a las personas y a las circunstancias que nos han causado dolor de otra manera. 

En mi espacio terapéutico, con mucha frecuencia atiendo a personas profundamente dañadas por alguna persona o situación –con o sin intención- e invariablemente han ido acumulando sentimientos de rabia, impotencia, dolor y resentimiento, permitiendo que estas emociones se vayan volviendo crónicas, afectando así su vida y relaciones. 

Y lo único que verdaderamente nos sana y libera es el perdón. 

El perdón es la liberación del resentimiento, y surge de la libertad y el amor. Y estoy hablando en ambos sentidos, tanto de perdonar como de pedir perdón. El perdón libera, ya sea que lo solicitemos o que lo otorguemos. 

Perdonar no es en sí un acto de magia, no hace que instantáneamente dejemos de sentir lo que sentimos y mucho menos que olvidemos el daño… Sin embargo, es el primer paso. Es importante que sepas que perdonar es un proceso y que lleva tiempo, ¿cuánto?, el que cada persona necesita, pues varía y no hay estándares predeterminados. 

Perdonar es una experiencia que trasciende, un proceso por el cual las personas nos transformamos quitándonos de encima el peso del dolor y el enojo. 

En muchas personas existe la idea de que perdonar es un signo de debilidad, y ante esto me permito decir sin duda alguna que perdonar es un acto de coraje, de valentía, debido a que es un acto que resulta muy difícil.  

El perdón es una de las fortalezas básicas del ser humano. Para Martin Seligman, psicólogo y escritor estadunidense, las fortalezas son rasgos morales que pueden entrenarse y mejorarse, y el perdón es una de ellas. Y además de ser una fortaleza, es un componente básico para sentirnos más felices. Según Seligman, “las personas más felices son las que se rodean de amigos, viven a fondo la vida cotidiana y, sobretodo, perdonan con más facilidad los errores de uno mismo y de los demás”.

Aprender a perdonar tiene enormes beneficios para la salud física, mental y emocional. Perdonar no significa olvidar, es recordar sin odio o enojo, es dejar atrás el rencor y los deseos de venganza. Es hacer posible liberarnos del dolor y la carga emocional que nos provocan las heridas. 

Cuando perdonamos dejamos de ser víctimas y nos empoderamos con todo el crecimiento que esto conlleva, lo que incluso nos posibilita a dejar la inercia de ser jueces y verdugos. El perdón es una actitud que implica tomar la decisión de que lo que hemos vivido con todas sus circunstancias no nos determina. La forma de saber si verdaderamente hemos perdonado es cuando ya no sentimos más tristeza, enojo y rencor hacia lo que nos haya hecho sufrir. 

Crecer a la edad que sea implica un trabajo importante, el cual si consideras que no puedes realizar por ti mismo, lo ideal es apoyarte con un proceso terapéutico. Si es tu caso, por favor mándame un mensaje de whatsapp al 5522558651 para que podamos platicar y hacer una cita.  

 

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