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¿Un Bolsonaro mexicano? (Margensur)

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Alejandro Saldaña Rosas


Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

 

¿Un Bolsonaro mexicano?

No dudo en lo absoluto que la ultraderecha (yunquista, pero no exclusivamente) esté preparando, en las sombras, el surgimiento de un Bolsonaro mexicano que articule a la hoy dispersa oposición al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. La suposición, en tanto hipótesis, es válida y necesaria de incluir en la reflexión política, habida cuenta del peligro que tal opción política representaría para el proyecto democrático y popular de la 4T y, aún más, para el país entero. Esta reflexión surge a partir tanto de la marcha de oposición al gobierno de AMLO como de las discusiones posteriores en medios y redes sociales.

            Los signos que enuncian el surgimiento de un posible Bolsonaro mexicano están a la vista: clasismo, racismo, sexismo, homofobia, misoginia, darwinismo, feroz ataque a lo colectivo, exaltación del individualismo más rapaz, fanatismo religioso, intolerancia en todas sus expresiones, pero también el descrédito de los partidos políticos hoy en la oposición, específicamente PRI, PAN y PRD. Sin organismos políticos con la suficiente legitimidad, capacidad organizativa y proyecto de gobierno para canalizar el descontento generado por las políticas de AMLO y la 4T, la posibilidad de que un líder (formado para ello) vehicule la inconformidad se incrementa. Quizás en este momento no es visible, pero de que se está incubando, no me queda la menor duda.

            Porque además de los ingredientes ideológicos están los intereses económicos y también, hay que decirlo, los estratégicos de nuestros vecinos del norte que, queramos o no, influyen en las decisiones del gobierno mexicano. Si hasta el momento la reacción no ha levantado más que polvaredas, se debe, por una parte, a su evidente desarticulación derivada de la pérdida del poder político, por la otra, al descrédito de los partidos que estuvieron en el poder durante más de setenta años, pero también a que AMLO no se ha metido a fondo a afectar sus intereses. Hasta el momento, buena parte del discurso y las acciones de gobierno de López Obrador han gravitado en torno a la lucha contra la corrupción; sin embargo, y a decir verdad, los intereses de los grandes capitales no han sido tocados.

            Aún así, la reacción ha mostrado sus garras en medio de muchas personas que, ejerciendo sus derechos ciudadanos, discrepan de las políticas impulsadas desde el gobierno federal. Saludo la discrepancia porque es signo de salud democrática: bienvenidos los opositores, qué bueno que se manifiesten, qué bueno que tomen las calles y las plazas, qué bueno que su voz se escuche y, mejor aún, que se atienda, que sus reclamos no caigan en el vacío. Pero tampoco hay que ser ingenuos como para no pensar que en las manifestaciones en calles y redes no existen intereses que van mucho más allá de la entendible y legítima inconformidad de una parte de la ciudadanía. Hay suficientes evidencias de campañas orquestadas desde antes de la elección para impedir que AMLO triunfara (la Operación Berlín de Krauze, una entre otras), o mucho antes (en la elección de 2006), como para no suponer, al menos, que la derecha (en todas sus gamas) está dispuesta a todo, más ahora que perdió el eje que articula sus intereses: la presidencia del país. Sin las riendas del poder político, la derecha boquea en busca de oxígeno, de allí su peligrosidad.

            Ante la debacle de los partidos políticos hoy de oposición (PRI, PAN, PRD) y el descrédito del llamado cuarto poder (los medios de comunicación, ávidos del chayote) no es aventurado presumir que la derecha más rancia esté fraguando una opción que le permita concitar adherencias a partir de renovar los códigos del neoliberalismo. A las consignas de siempre seguramente se le añadirá un conjunto de diatribas, mentiras y verdades a medias en contra de cualquier iniciativa del gobierno federal, o de los gobiernos estatales y/o municipales encabezados por MORENA. No digo nada que no está sucediendo ya, pero la ofensiva con toda la cargada mediática, económica, política y de la sociedad civil “independiente” aún no ha comenzado. En este escenario, cada vez más ríspido, enrarecido y tenso, no sería nada extraño que emane una figura que aglutine, canalice y potencie la oposición a AMLO. Y por la virulencia expresada en las calles por los opositores, esa figura es muy probable que tenga rasgos autoritarios, si no es que francamente fascistoides. Si Argentina tiene a Macri y Brasil a Bolsonaro (por mencionar sólo dos casos en nuestro continente), ¿por qué México no tendría una figura similar?

            Por otra parte, los sectores más radicales de la derecha en los Estados Unidos, el movimiento del Tea Party por ejemplo, saludarían con beneplácito un liderazgo fuerte en México afín a su ideología y sus intereses. No dudo que inclusive estuviesen dispuestos a financiar a grupos y organizaciones que impulsen el surgimiento de un Bolsonaro a la mexicana. Para sus fines, sería mucho mejor contar con un aliado poseedor de un liderazgo que encabece el movimiento opositor a AMLO y que, a la postre, pudiera acceder a ocupar espacios de poder en el tablero político mexicano, inclusive quizás hasta la presidencia. De la misma forma, la derecha europea estaría de plácemes con una figura afín a sus muchos intereses en México y en América Latina.

            Férreos defensores del individualismo más feroz, de la exclusión social, del machismo y la homofobia, del racismo y el clasismo, los grupos y organizaciones de la derecha están huérfanos, luego del estrepitoso fracaso del partido que los aglutinaba, el PAN. Pero no hay que confundir la desbandada de la derecha más reaccionaria con su achicamiento ni mucho menos con su desaparición. En lo absoluto: son fuerzas que quizás hoy se aprecian dispersas, pero allí están, al acecho y en proceso de reorganización. La movilización del pasado 5 de mayo les permitió estimar el tamaño -y la agresividad- de la oposición a AMLO. Y a reserva de su mejor opinión, me parece que la movilización no fue menor, sobre todo a la luz de las anteriores convocatorias. Así, no sería nada raro que dentro de un mes, o dos, o tres, o más tiempo, convoquen a una nueva movilización en contra del gobierno de AMLO y tampoco sería nada extraño que cada vez reúnan más gente, que tengan más claridad en sus objetivos, que sus consignas y pancartas estén más afinadas. Y al alero de esas movilizaciones, y de los ataques persistentes en redes y medios, es muy probable que aparezca el Bolsonaro mexicano. Al tiempo.

 

Alejandro Saldaña Rosas

Alejandro Saldaña Rosas

Doctor en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Académico e Investigador en la Universidad Veracruzana. Autor del libro Momentos de Gracia: Organizar lo Imposible (2009) y articulista en temas sobre estudios en gestión y gestión de empresas de base creativa.

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