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Sí, moralmente derrotados

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 Sí, el Presidente Andrés Manuel López Obrador se refería a ustedes.

A los reaccionarios, partidarios, partidarias, de mantener sin cambio alguno los podridos valores políticos que prevalecieron durante las últimas cuatro décadas, de sostener las condiciones sociales que nos arrojaron más de 60 millones de personas en pobreza total, de continuar la decadencia moral y ética que enferma a todo un país, para que ninguna reforma o transformación la modifique.

Se refería a ustedes, conservadores negados al cambio de rumbo, que se oponen a cualquier realidad nueva y están enojados, enojadas. Fuera de quicio.

Se refería a ustedes, señoras, señores dinamiteros de las transformaciones. Golpistas.

A ustedes que mienten a diario y tergiversan los acontecimientos para intentar, por todos los medios, con todos sus medios y en todos sus medios, hacer estallar la decisión soberana de las mayorías: dar la espalda definitiva a un modelo económico que sólo los benefició a ustedes.

Se refería a quienes, desde el primer minuto del 2 de julio del 2018 apostaron, y siguen apostando, por el fracaso, por el derrumbe, por la caída.

Se refería, en su clara alocución de este domingo, a quienes mercaron con los bienes de todos, a quienes robaron las riquezas naturales, a quienes empeñaron el futuro de millones de hombres y mujeres, a cambio de cuentas de vidrio.

Desde el patio central del Palacio Nacional, el presidente hablaba de ustedes, que por décadas nos arrebataron toda esperanza de mejorar todos juntos, de crecer parejos.

De los tecnócratas, que adoran los números pero repudian los rostros, las calles.

De la élite empresarial, minoría rapaz, que se hizo millonaria, multimillonaria, en la era de Carlos Salinas de Gortari, pero con nuestro dinero.

De esas bestias sin humanidad, que acumulan miles de millones de dólares en sus cuentas, pero son incapaces de rescatar un puñado de cuerpos sepultados en sus minas.

De ese núcleo de privilegiados que no pagó impuestos y en la docena trágica, la era de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, se benefició con la condonación de más de 200 mil millones de pesos.

De esos políticos voraces que se involucraron con el crimen organizado, con el narcotráfico y bañaron a México de sangre.

De esos periodistas mendaces, que callaron y prostituyeron sus plumas y sus voces durante décadas, y ahora pretenden hacernos creer que sí son muy críticos, muy honorables, muy creíbles.

Se refería, todos lo escuchamos, a esos dirigentes sindicales que traicionaron a su propia gente, a esos líderes religiosos que bendijeron el ultraje, a esos intelectuales a sueldo que sirvieron a un sistema, a esos empresarios farmacéuticos que esconden medicamentos para no perder un negocio de 70 mil millones de pesos anuales.

Sus palabras iban directas hacia los hombres y las mujeres protagonistas siniestros de la época más vergonzosa de México, la que nos dejó en la ruina: la época neoliberal.

Iban directas hacia quienes hoy viven en el desprestigio, en la ignominia, por haber sido cómplices, por mirar hacia otro lado, mientras el país se derrumbaba encima de nosotros: “están moralmente derrotados”.

Sí. Están moralmente derrotados.

Y derrotados también socialmente.

Derrotados también políticamente.

Y esa derrota moral, social y política, es apenas un acto de justicia mínimo, pacífico, quizá hasta generoso, de una sociedad ultrajada, saqueada, ensangrentada, que no se merecía la traición que cometieron en su contra y mira sin odio, sin rencor, hacia ese futuro que ganó sólo con la fuerza de su voto.

Luis Guillermo Hernández

Luis Guillermo Hernández

Periodista, candidato a Doctor en Comunicación y académico universitario, con 25 años de trayectoria profesional en diversos medios impresos, digitales y audiovisuales de México y diferentes países de Iberoamérica. Premio Nacional de Periodismo 2006. Premio de Periodismo Cultural 2011. Autor de Periodismo Literario. El arte de contar historias (2017).