Ramillete de espurios

Ramillete de espurios

J. Jesús Esquivel
Corresponsal de la revista Proceso en Washington
@JJesusEsquivel

 

Ramillete de espurios

 

Washington – Los anillos periféricos de las grandes urbes de países en desarrollo exponen la pobreza de la mayoría de su población y esto sin contar a los pueblos, rancherías y cuadrillas rurales donde las condiciones son paupérrimas en extremo.

La Ciudad de México es así, una ciudad rodeada de pobreza y violencia donde los lujos y despilfarros son para unos cuantos. Esos muy pocos privilegiados pertenecen a un clase descarada, sin escrúpulos y abusiva. Muchos, la gran mayoría de sus integrantes, se enriquecieron con la corrupción solapada por el abuso del poder de los sexenios anteriores al de Andrés Manuel López Obrador.

Como si no fuera suficiente con la pobreza extrema que ahoga a millones de mexicanos ni con la despiadada violencia que nos enluta, hay medios de comunicación que difunden el elitismo y el goce de políticos y empresarios inalcanzables por la justicia.

Este fin de semana, en Jajalpa, Estado de México, se festejó la boda de la hija del abogado Juan Collado. Al jolgorio asistió un ramillete de espurios, como AMLO podría haberlos adjetivado hasta antes de que adoptara la política de perdón y olvido para los ex gobernantes, políticos y líderes sindicales corruptos y abusivos.

Con asco, indignación e impotencia, los mexicanos vimos en las fotografías de la revista “Quién” como departían, juntos, Enrique Peña Nieto, Rosario Robles, Carlos Romero Deschamps, Alfredo del Mazo, Alberto Elías Beltrán, Eduardo Medina Mora, Raúl Salinas de Gortari, Manlio Fabio Beltrones, Diego Fernández de Cevallos, Aurelio Nuño, Luis Miranda, Luis María Aguilar, José Narro y Manuel Velasco, entre otras fichitas de nuestra aberrante historia política reciente.

En una nación con respeto a sus leyes, su Constitución y su democracia, de entre esos invitados de honor del abogado Juan Collado muy pocos podrían gozar de su libertad si se les investigara, procesara y acusara de delitos como peculado, corrupción y enriquecimiento ilícito.

Ahora que el gobierno de AMLO empieza a exponer el cochinero que le dejó Peña Nieto en el gobierno federal, el presidente sigue perdonando y olvidando como si nada.

En ese fandango de privilegiados en Jajalpa estaban presentes los responsables y corresponsables de la reciente pobreza y dolor del país.

Si exigimos justicia es porque no hay nada resuelto y sigue abierta la herida por Ayotzinapa, Odebrecht, la Estafa Maestra, el desvío de dinero de Hacienda al PRI, el inexplicable enriquecimiento de los líderes sindicalistas y tantos y tantos casos emblemáticos de violaciones a los derechos humanos.

Muchas madres marchan todos los días por las calles de sus poblaciones y ciudades buscando a sus hijos desaparecidos.

En una nación con una sistema judicial equitativo y funcional, nunca, jamás, se permitiría unir a tanto pillo para celebrar un matrimonio.

¿Se imaginan a los líderes de los cárteles Jalisco Nueva Generación, Sinaloa, Juárez, el Golfo, comiendo juntos en un bodorrio y permitiéndose fotografiar por las revistas de farándula y frivolidad? ¡Claro que no! Hasta entre los criminales hay clases sociales y niveles.

Ofende mirar las fotos que publicó “Quién” porque los invitados no corresponden al México que vivimos, aunque sí a las estrategias de exoneración de AMLO, sin que al presidente le importe la indignación de los mexicanos que lo apoyaron el primer domingo de julio de 2018.

¿Cómo perdonar a Peña Nieto, a Romero Deschamps, a Rosario Robles y a Elías Beltrán? Que alguien me lo explique porque yo no lo entiendo, no puedo perdonar y olvidar cuando veo la periferia urbana de la Ciudad de México, las casas de Santa María Jajalpa construidas lejos del lugar exclusivo donde se gozó el matrimonio de la hija de Collado.

México no debe olvidar. Una nación sin memoria pierde identidad. La corrupción no es cultura es maña y desvergüenza.

Para aceptar una felicitación de quienes tienen las manos manchadas de sangre y los bolsillos atiborrados del dinero que le timaron a los pobres, se necesita ser como ellos. Así sí entiendo tanta felicidad.

AMLO no es como ese grupo de rufianes, tengo la certeza, aunque no comprendo cómo es que los quiere perdonar y olvidar.

Esas fotos de la boda en Jajalpa agreden y degradan a un país pobre como nuestro México querido.

 

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