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Policía Federal: algo huele mal (Margensur)

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La revuelta de la Policía Federal (PF) es una de las expresiones más contundentes de la resistencia a la transformación del país impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. No queda lugar a dudas: las protestas de los policías federales se explican por la resistencia a perder las canonjías otorgadas por la corrupción y, aún más, por los servicios prestados a los cárteles de la delincuencia organizada, no por el desconocimiento de sus derechos laborales. Como se ha insistido en las mesas de negociación, ningún elemento de los aproximadamente 37 mil integrantes de la PF será despedido, sino que se integrarán a la Guardia Nacional o bien a otras dependencias como el Instituto Nacional de Migración, la Administración General de Aduanas, la Comisión Nacional de Búsqueda, el Servicio de Protección Federal, el Sistema Penitenciario o la Comisión Nacional de Ayuda a Refugiados. El gobierno federal ha determinado extinguir este cuerpo policiaco de ingrata memoria para los movimientos sociales y para la ciudadanía en su conjunto; el plazo para su desaparición son 18 meses, pero la exigencia es que la PF no simplemente deje de existir, sino que aquellos integrantes acusados de secuestro, extorsión, tortura, asesinato, robo, etc., sean llevados ante la justicia.

Desde su origen, la PF arrastra consigo el negro historial de las instituciones que la precedieron: la Policía Federal Preventiva, la Agencia Federal de Investigación y, en su pasado más remoto, la Policía Federal de Caminos (probablemente la que en su momento gozó de mejor prestigio) y la Dirección Federal de Seguridad. La PF, creada en el sexenio de Felipe Calderón, es una institución que refleja con toda nitidez los rasgos de los últimos gobiernos del PAN (Calderón) y el PRI (Peña Nieto): ineficiencia, corrupción, autoritarismo, discrecionalidad y opacidad. Aceptando, sin conceder, que no todos los elementos de la corporación policiaca son corruptos, lo cierto es que de los aproximadamente 37 mil integrantes, las voces que -hipotéticamente- han pugnado por una institución profesional, eficiente y apegada a la normatividad, han sido las menos y francamente no se han escuchado. La tesitura histórica dominante en la PF ha sido la corrupción en todos niveles, la tortura generalizada como “método” de interrogación, el contubernio con células de la delincuencia organizada (secuestros, trata de personas, narcotráfico, etc.), la formación y capacitación de cuadros para los cárteles, la represión salvaje a movimientos sociales: Atenco, 1º de diciembre de 2012, desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Nochixtlán, por citar unos cuantos hechos de sangre; todos estos ilícitos provocaron, lógicamente, la desconfianza y el rechazo de la ciudadanía.

La PF ha sido una institución al servicio del régimen que ha depredado, robado, esquilmado y asesinado al país en los últimos 30 años, cuando menos. Un régimen que ha requerido jefes de cárteles y sicarios para alimentar la guerra y que encontró en la PF (sin olvidar la funesta aportación de las policías estatales y municipales) una escuela de cuadros. No olvidemos que importantes capos de varios cárteles surgieron en cuerpos policiacos: Nemesio Oseguera “El Mencho”, Juan José Esparragoza “El Azul”, Vicente Carrillo Fuentes “El Viceroy”, entre otros, además de policías que acumularon enormes fortunas por sus servicios brindados al narco, Guillermo González Calderoni (asesinado en McAllen), el más conocido, que no el único. Y cómo olvidar aquella balacera entre policías federales en el aeropuerto de la Ciudad de México, en junio de 2012, por el control del tráfico de cocaína en la terminal aérea. En la balacera entre integrantes de la PF, tres policías fueron asesinados por sus propios compañeros.

Que ahora la PF pida a la ciudadanía que apoye sus protestas, es de un cinismo francamente indignante. No señores y señoras policías federales, la memoria está fresca y nos impele a gritar, una vez más, ¡ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos! El negro historial de la PF no deja lugar a dudas: en el “cumplimento de su deber” y bajo el pretexto de la “obediencia a las órdenes superiores, dieron la espalda a las y los mexicanos, dieron la espalda al país.

De allí que sus protestas tengan más visos de asonada para la preservación de canonjías, que de una legítima lucha por la defensa de sus derechos laborales que, hay que decirlo, no están siendo desconocidos ni vulnerados. Quizás es posible que con la integración a la Guardia Nacional o a alguna otra dependencia algunos bonos o incentivos económicos pudieran ser afectados, lo que explicaría al menos parcialmente las protestas de los federales, pero las reivindicaciones económicas no son suficientes para explicar la asonada policiaca. El presidente Andrés Manuel López Obrador, así como el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, afirmaron que detrás de las protestas de los integrantes de la PF había “mano negra”. Y no pasó mucho tiempo para que la hipótesis se confirmara a través de los mismos policías federales, quienes propusieron que Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa fuera su “representante” en las negociaciones con el gobierno federal.

Calderón se deslindó de las protestas de la policía federal; sin embargo, y habida cuenta de la reputación que arrastra el espurio ex presidente, su palabra cayó en el vacío. No hay que olvidar que la PF fue creada durante su mandato y que uno de sus principales operadores en materia de seguridad, Genaro García Luna, mantiene lazos con altos mandos policiacos. Por cierto, también hay que recordar que García Luna, el llamado “superpolicía” de Felipe Calderón, ha sido señalado reiteradamente por sus vínculos con el crimen organizado, particularmente con el Cártel de Sinaloa. Cuando surgen los nombres de Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa y Genaro García Luna hay motivo de preocupación: ellos son los principales responsables de la cruenta, absurda y fallida “guerra contra el narcotráfico” emprendida en el sexenio del panista.

De allí que las protestas tengan visos de una revuelta de los sectores policiacos más oscuros y corruptos, animados por intereses políticos profundamente reaccionarios, en contra de las políticas de transformación institucional emprendidas por AMLO y su gabinete. No es un asunto menor, estamos ante una provocación mayor que, de no conducirse con inteligencia, firmeza y absoluto apego a la legalidad, podría desembocar en un peligrosísimo enfrentamiento entre fuerzas policiacas cercanas a Felipe Calderón (FECAL) y los grupos de interés detrás de él, y miembros de la Guardia Nacional leales al presidente AMLO.

Sí, en las protestas de la Policía Federal algo huele mal: hay un tufo a materia FECAL.

Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

Alejandro Saldaña Rosas

Alejandro Saldaña Rosas

Doctor en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Académico e Investigador en la Universidad Veracruzana. Autor del libro Momentos de Gracia: Organizar lo Imposible (2009) y articulista en temas sobre estudios en gestión y gestión de empresas de base creativa.

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