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La desaparición de Sarahí, un caso de abuso infantil y omisión de las autoridades

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Sarahí Maricarmen López Pérez desapareció a los 14 años. El presunto responsable es Ricardo “N”, de 45  años de edad, y pese a tener pruebas suficientes en su contra las autoridades nunca lo detuvieron. Hoy hace un año que su familia no la ve ni sabe sobre su paradero. 

La joven que actualmente tiene 15 años es la única hija de Maricruz López, quien forma parte del 33 % de las mujeres que son madres solteras en México. La niña creció en la colonia Campestre Aragón de la alcaldía Gustavo A. Madero.

Para mantener a su familia, la señora Maricruz adquirió en 2017 una tienda de abarrotes que su compadre Refugio Ventura le traspasó. Además, accedió a darle trabajo a Jessica Yadira Ventura Bartolo y a Ricardo “N”, hija y hermano de su compadre.

Ricardo “N” , quien en ese entonces tenía 45 años de edad, usaba su auto particular como si fuera un taxi y se encargaba de llevar mercancía a la tienda de abarrotes de la señora Maricruz.

En ese entonces, Sarahí tenía 13 años de edad y empezó a tener más acercamiento con ambos miembros de la familia Ventura. De acuerdo con Maricruz, la joven (Yessica trabajadora de su tienda) jugaba con Sarahí, la peinaba, incluso a veces se la llevaba a pasear y el señor Ricardo “N” le daba regalos y juguetes: “Él hacía como que la quería, yo creía que limpiamente, le regalaba juguetes, como a una niña porque yo no podía pensar que fuera de otra manera, mi hija tenía 13 años”.

Con el tiempo, Maricruz se dio cuenta de las intenciones que tenía Ricardo “N” y lo reafirmó cuando una vecina le dijo que había visto al hermano de su compadre “rondando” a la niña.

En México, los abusos contra mujeres y niñas no solo se perpetúan por desconocidos, en la lista de agresores también se encuentran familiares y amigos cercanos.

Violencia emocional, antesala de la desaparición

De acuerdo con el relato de la mamá de Sarahí, un sábado de mayo de 2017 fue la primera vez que Ricardo “N” se llevó a la niña de 13 años. La mantuvo privada de su libertad toda la tarde y toda la madrugada, pues fue hasta las ocho de la mañana del día siguiente que la devolvió, gracias a que intervino el compadre de la familia López.

Tanto el hermano como la sobrina de Ricardo “N” fueron cómplices de los hechos, pero ninguno hizo algún comentario a la mamá de Maricarmen Sarahí. La normalización de la violencia contra las mujeres en nuestro país continúa reproduciéndose sin importar si las víctimas son niñas o adultas.

Maricruz, en la desesperación, encontró mensajes en el celular de Sarahí que provenían de Ricardo “N”, en los que le decía que se fuera con él, que se pusiera su ropa más bonita y que le enviara fotografías. En una ocasión una maestra de Sarahí le encontró recados que le enviaba él, donde le escribía que la quería y preguntaba que dónde sería su próximo encuentro. Al respecto, la señora Maricruz aseguró que la letra de esos recados coincidía con la de Yessica, quien había trabajado con ella.

Tras estos hechos la señora Maricruz decidió traspasar su tienda a quien era su compadre, a cambio de que las dejaran tranquilas y en paz. “Le deje la tienda en abonos con tal de que me dejara en paz, prefiero a mi hija y retirarme de aquí”, recuerda Maricarmen con tristeza. Sin embargo, Ricardo “N” nunca dejó de acosar y manipular a Sarahí, incluso la llegó a presentar como su novia.

Imagen: Laura, Colectivo Hasta Encontrarlxs CDMX

Abuso sexual infantil impune

El 11 de abril de 2018, Ricardo “N” se la llevó a la niña por segunda ocasión y la privó de su libertad durante tres días. Desde entonces y hasta el día de hoy, se desconoce el lugar donde la tuvo.

Ese día, Maricruz llevó a Sarahí a sus clases de piano, pero cuando fue a recogerla el maestro le dijo que la niña ya se había ido. De acuerdo con la madre de Sarahí, los compañeros de clase señalaron que Ricardo “N” la había mandado llamar con un chico llamado Oliver, a quien le pagaba para que lo “ayudara” con Sarahí.

Esta ocasión, Maricruz denunció la desaparición de su hija ante la extinta CAPEA (Centro de Apoyo a Personas extraviadas y Ausentes) y la enviaron a la Agencia 59, donde abrieron una carpeta por el delito de sustracción de menores, pero no hicieron nada para buscarla pese a conocer el contexto y antecedentes del señor Ricardo “N”.

Cuatro días después de lo sucedido, la señora Maricarmen se encontraba compareciendo ante CAPEA cuando recibió una llamada de parte del señor Refugio Ventura, su compadre y hermano de Ricardo “N”, quien le dijo le entregaría a su hija.

No obstante, ningún servidor público le brindó apoyo policíaco para llevarla al lugar donde supuestamente le sería entregada su hija y poder aprehender al sujeto de nombre Ricardo “N” ante el Ministerio Público correspondiente.

Una vez más la familia del señor Ricardo “N” fue cómplice, ya que la niña fue entregada por el señor Refugio a un lado del zoológico de San Juan de Aragón, quien iba custodiado por su hermana Verónica Ventura.

Para continuar con la denuncia y las pruebas en contra del señor de 45 años, la madre de Sarahí la llevó al MP a que le realizaran los exámenes correspondientes. Los resultados arrojaron que Maricarmen Sarahí fue agredida sexualmente durante el tiempo que estuvo en calidad de desaparecida. En la entrevista ella corroboró que fue Ricardo “N” quien cometió el delito de violación.

Pese a contar con el testimonio de la menor, dictámenes psicológicos y médicos sobre una agresión sexual, saber que Refugio fue cómplice al entregar a la niña, las autoridades no giraron una orden de aprehensión y tampoco dictaron órdenes de protección a favor de la menor aun conociendo el peligro inminente que existía de poder ser nuevamente sustraída por Ricardo “N”.

Ante las omisiones graves, negligencias y obstrucciones por parte de la PGJCDMX, la menor de edad, Maricarmen Sarahí López Pérez fue desaparecida por tercera vez el día 26 de agosto de 2018.

Las omisiones de las autoridades permitieron la desaparición

Unos días antes de que Sarahí desapareciera por tercera ocasión, la vida y cotidianidad de la familia López Pérez ya no era igual. Maricruz cambió de escuela a la niña y se mudaron a la casa de su hermano en la colonia Campestre Aragón. “A mí ya me daba miedo dejar a la niña en la escuela, de tanto que me acosaba su familia porque además los policías no hacían nada”, señala Maricruz, al tiempo que asegura que Ricardo “N” la tenía amenazada  y manipulada pues su hija “lloraba todos los días”.

El último día que su madre vio a Sarahí fue la madrugada del 26 de agosto, cuando la niña de 14 años se levantó para ir al baño, pero ya no regresó a la cama y salió de su casa.

Desde ese momento, como es una constante de familiares víctimas de desaparición, la señora Maricruz es quien se ha hecho cargo de la búsqueda de su hija. Ella ha indagado, buscado testigos, acudido a los domicilios donde presuntamente puede encontrar a Ricardo “N” y a la vez a su hija Sarahí. También ha acudido a encuentros con el hermano de Ricardo “N”, el señor Refugio, quien en una ocasión le propuso entregarle a Sarahí a cambio de que lo dejara de molestar y pagara los honorarios de su abogado.

A un año de la desaparición de Sarahí el caso lo tiene la FIPEDE (Fiscalía especializada en la investigación y búsqueda de personas desaparecidas) pero no se ha realizado una búsqueda e investigación con debida diligencia, perspectiva de género y de derechos humanos, pese a conocer el contexto en el que sucedió la desaparición, el nombre y domicilio de la persona que presuntamente la desapareció.

Ya existe una orden de aprehensión en contra Ricardo “N” (quien también desapareció desde el día que no se sabe del paradero de Sarahí), así como denuncias ante la Fiscalía Central de Investigación para la Atención de Niñas, Niños y Adolescentes, por los delitos corrupción de menores, asociación delictuosa y complicidad en la sustracción de menores a integrantes de la familia del sospechoso.

La señora Maricruz ha tenido que enfrentar la ausencia de su hija, pero también la violencia institucional, que no sólo la ha revictimizado y dilatado la investigación. Tanto abogados como policías corruptos aprovechándose de su situación, le han solicitado dinero de manera desmedida, sin que el pago se refleje en las investigaciones.

Además, las autoridades no la han protegido pese a conocer que ha recibido amenazas que afectan su integridad física, psicológica y emocional. “Luego ni duermo, no tengo una vida normal, me siento muy mal, a veces digo Ay Dios, ya me deberías quitar la vida”, cuenta Maricruz con voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas.

Sarahí cursaba segundo de secundaria, le gustaba tocar el piano y la batería, disfrutaba ir a las clases de inglés y tenía muchas amigas, pero desde que empezó a manipularla el señor 30 años mayor que ella su vida cambió.

El caso de Sarahí Maricarmen López Pérez no es un caso aislado, forma parte de miles de casos de desapariciones en dónde la ineficacia de las autoridades encargadas de la investigación y persecución de los delitos han contribuido al nulo acceso a la justicia para las mujeres.

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Paola Atziri Paz

Paola Atziri Paz

Estudié Filosofía en la UNAM. Llegué al periodismo por la necesidad no sólo de entender los problemas políticos y sociales sino explicar e incidir en al menos un lector. Feminista, me gusta analizar y dar voz a las minorías. Especializada en DDHH, megaproyectos, derechos indígenas y de las mujeres.