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La campaña de odio de Trump X. González

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 Primero, como si un dedo divino lo hubiera designado, se erigió en responsable de custodiar los valores del sistema educativo mexicano: la educación neoliberal, claro, como un privilegio para unos cuantos y no como un derecho para todos.

Y se lanzó, en una embestida brutal, contra la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y contra el aparato educativo público: financió documentales tendenciosos, armó organizaciones facciosas y lanzó campañas de odio contra los maestros agremiados.

Era Claudio contra el magisterio. Era su cruzada.

La tónica fue un discurso sistemático de odio social y aniquilación: los maestros son vándalos, son delincuentes, los maestros son corruptos, la escuela pública le estorba al progreso, que el autoerigido defensor de la educación de calidad en México utilizó, con todos los medios a su alcance, y todas las voces a su servicio, para imponer como narrativa dominante.

Cuando el gobierno anterior impuso la muy nociva reforma educativa, que cercenaba los derechos laborales del magisterio e imponía condiciones de oprobio para miles de trabajadores de la educación, Claudio X. González, hasta entonces un irrelevante hijo de empresario acaudalado, del mismo nombre, se convirtió en figura de referencia para hablar del tema, en sus micrófonos afines.

¿Qué credenciales tenía? El dinero. Sólo eso.

Lo vimos gritonear, mentir, desacreditar a cuanta figura se opusiera al modelo neoliberal de educación, ese que expulsaba mano de obra barata y apenas alfabetizada, ya lo hemos dicho antes. Y lo hizo sin que nadie lo contradijera.

Pero hubo un vuelco histórico: el sistema que durante 40 años engendró odiadores profesionales de las clases bajas y los colocó en las posiciones de poder, dentro y fuera del gobierno, se derrumbó y fue echado a patadas por una sociedad harta de mentiras.

Si ustedes ponen atención al reportaje que Rompeviento presentó el 13 de agosto pasado, podrán entender con claridad la forma en que, perdida su lucha contra el magisterio y la cruzada educativa, Claudio X González decidió transitar hacia otro ámbito de acción.

Éste, un terreno casi inexplorado por otros barones del dinero: el del periodismo de transparencia y rendición de cuentas.

Una jugada maestra. El hijo de Don Claudio se rodeó de voraces publirrelacionistas que lideraron su proyecto, pero también de extraordinarios periodistas de investigación que hicieron, hacen aún, un trabajo periodístico puntual, de excelencia, que en México nadie más quiere pagar.

Astuto más que inteligente, oportunista más que visionario, el hijo del dueño del monstruo papelero Kimberly Clark, en poco tiempo se formó una imagen pública notable: se declaró defensor de la libertad de expresión, del periodismo libre, de la transparencia.

Pero esa figura, como bien nos contó Ernesto Ledesma en el reportaje de Rompeviento TV, tiene una grieta gigante: Claudio X González no puede renunciar a ser él mismo: un junior caprichoso que le exige a sus empleados tener la razón; un saboteador de todo aquello que contradiga su muy desestructurada instrucción educativa; un chico de papá que odia a los pobres.

Claudio, como otras figuras que se colaron en la toma de decisiones, mas por su poder económico que por sus muy cuestionables capacidades, se encontró con otra realidad: su voz ya no significa casi nada. Nada.

Vean su singular cuenta en Twitter y dense cuenta ustedes mismos: Claudio X. González, como un Donald Trump cualquiera, es la figura pública que más impulsa la muy agresiva y documentable campaña de odio contra el Presidente, contra las causas populares, contra la realidad actual.

Pero ya no tiene relevancia más allá de ese ámbito. Esa es su dimensión real: troll de red social.

La sociedad mexicana, la que abrió los ojos en julio de 2018 y decidió un cambio de rumbo, ya no se traga los cuentos que cuentan las voces a sueldo de gente como Claudio:

La campaña de odio de Trump X. González, la de otros como él, odiadores furibundos de los cambios, va perdiendo relevancia y peso en el México de hoy, aún cuando un dedo divino, millonario, acaudalado, las haya designado.

Luis Guillermo Hernández

Luis Guillermo Hernández

Periodista, candidato a Doctor en Comunicación y académico universitario, con 25 años de trayectoria profesional en diversos medios impresos, digitales y audiovisuales de México y diferentes países de Iberoamérica. Premio Nacional de Periodismo 2006. Premio de Periodismo Cultural 2011. Autor de Periodismo Literario. El arte de contar historias (2017).