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Game of Thrones: género y poder

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Érika Paz

Periodista, doctoranda en Ciencia Política por la UNAM

Facebook: Érika Paz / Twitter: @paz_eri 

 

 

Game of Thrones: género y poder

 

 

Nos informamos sobre política no sólo por medios formales como lo son la academia o los medios de comunicación, también por las representaciones que de ésta se hacen en la cultura popular, el caso del fenómeno televisivo Game of Thrones (GOT) o Juego de Tronos que a lo largo de nueve años mantuvo a millones de seguidores al filo del sillón y al pendiente de cada información sobre la serie, es un ejemplo claro.

 

De la primera a la octava temporada observamos la distribución del poder, el conflicto, el uso de la Fe como reclamo de autoridad, la legitimidad de los gobiernos y la legitimidad de quienes reclamaban el trono, comprobamos el poder económico de las políticas de financiamiento de la Banca. Advertimos la discriminación por género, raza, condición social, por discapacidad, enfermedad y apariencia física; Game of Thrones no fue excepción al colocar en el centro de las discusiones al sexo como herramienta de seducción, recriminación y negociación política, y  la violación sexual como dispositivo de sometimiento y dominación, incluso como un derecho.[1]

 

La representación de las relaciones de poder y autoridad ofrecidas de forma muy variada en la serie nos proporcionó información sobre política mundial y geopolítica, y diferentes artículos hablaron sobre los “fuertes” personajes femeninos, las propias actrices que les dieron vida subrayaron en más de una entrevista el “empoderamiento” de las mujeres representadas en Game of Thrones, pero ¿qué tan acertada es esta impresión?

 

Westeros es feudal, patriarcal y misógina. La jerarquía de género está presente en la autoridad política de Westeros y de Essos. Los hombres son los actores políticos “por naturaleza”, los que participan en las guerras, toman decisiones, son estrategas –algunos muy malos que cometen serios errores que fueron anticipados “curiosamente” por mujeres,[2] las que después se encargan de subsanar los costos.[3]

 

Es cierto que la serie hace un guiño a la igualdad de género, pero si observamos detenida y cuidadosamente el rol de las mujeres, encontramos en su mayoría a prostitutas,[4] sirvientas, cuidadoras. Los personajes femeninos protagónicos en Game of Thrones son construcciones arquetípicas que van desde amazonas y guerreras,[5] femme fatales,[6] madres-viudas,[7] hechiceras y magas,[8] hasta la inocente, huérfana y casi etérea,[9] y la que simboliza el eterno femenino.[10]

 

De forma singular la mujer que desde los primeros capítulos hasta la temporada final se perfila como la legítima heredera al trono de hierro, Daenerys Targaryen, es un poco todos los arquetipos, es una amazona que además cuenta con tres armas de destrucción masiva (Drogon, Rhaegal y Viserion), fue cortesana de su marido, Khaleesi (soberana y consejera) es madre de dragones, viuda, un ser mágico invencible al fuego y el eterno femenino. 

 

Un personaje fascinante y multifacético que vimos crecer como persona y como gobernante, una joven adolescente que es vendida en matrimonio, violada en su noche de bodas por el mismo del que después se enamora, ese que le promete el trono de hierro al hijo no nato de ambos, mas no a ella. Un personaje que al inicio de la historia utiliza su rol de género (subordinado) a su favor a través del cuerpo, el sexo, la sexualidad y la maternidad, para después masculinizar su autoridad la cual se basa en la disposición y en la capacidad de usar la fuerza y sus armas de destrucción masiva.

 

Pero también es una gobernante solidaria que busca revolución y justicia, rompe  cadenas y formas de opresión y marginación que perpetúan y reproducen jerarquías de género, es quien se erige a sí misma como la defensora de quienes no tienen voz, pero termina siendo parte del sistema patriarcal que existe en el Juego de Tronos, mismo que representa y reafirma un poder masculinizado, en el que están presentes las divisiones jerárquicas en las relaciones sociales.

 

“No es sencillo ver lo que nunca antes ha existido, un buen mundo […]. Romperemos la rueda” del poder, dice Daenerys Targaryen en la última escena.[11] No, no es sencillo ver abortada la revolución de Khaleesi, mucho menos verla morir tan fácilmente. Tampoco es sencillo ver al mismo mundo tan solo corregido un poco para ser gobernado por el heredero “legítimo” de los Stark –y por decisión de otros herederos de Westeros y de figuras que adquirieron poder después de la guerra.

 

No sorprende que la idea de democracia planteada por Samwell Tarly terminara por desencadenar las burlas de los poderosos, como tampoco que la Banca y la ciudad de Braavos se mantuvieran intactas o que en el Consejo de asesores de Bran the Broken sólo una mujer ocupara una silla y que Bronn el mercenario se encargara de las finanzas de Kings Landing. La rueda que Daenerys aspiraba a romper sigue girando, sólo que con otro compás.

 

Colocar al género como una categoría de análisis, pero particularmente como una relación de poder nos permite observar asimismo, que los pocos personajes femeninos que disputaban el trono contaban con muchas más cualidades (y sobrenaturales) que sus homólogos, les superaban en la toma de decisiones, eran más poderosas en fuerza y en los vínculos políticos que generaban, además de provenir de familias privilegiadas, ambicionaban y deseaban mucho más que ellos, y sólo por eso tenían un lugar en el engranaje por el poder, pero ni eso fue suficiente.

 

A los personajes femeninos en Game of Thrones les aplaudimos y seguimos fervientemente pero al final, las mujeres somos más que las construcciones arquetípicas (guerreras, superheroínas, prostitutas, damas o madres); las mujeres somos personas. Sin lugar a dudas la representación de las mujeres en muchas industrias culturales ha dado una concesión a las demandas de igualdad de género, pero observemos con atención que en el fondo es sólo un cambio de forma que sigue ofreciendo un lugar destacado en muchos relatos de poder.

 

PD. Con todo, Game of Thrones es mi serie favorita, de la que me rehusaba a escribir porque una vez que observas con lupa las letras chiquitas del contrato de ficción, ya nada parece igual. Hay mucho más que decir sobre esta serie y cada uno de sus personajes, sobre las lecturas de George R.R.Martin, Daniel Benioff y David Weiss, y del polémico final de la serie que esperemos no sea el de los libros.

 

 

[1] Para el pueblo nómada de los Dothraki, su recompensa por las batallas ganadas.

[2] Cathelyn a su hijo Rob Stark; Sansa Stark a Jon Snow. Una evocación a la historia de la Odisea, cuando el joven Telémaco, le dice a su madre Penélope “tú vete a tus aposentos de nuevo y atiende a tus propias labores, al telar y a la rueca[…] hablar les compete a los hombres y de entre todos a mí, porque yo tengo el poder en la casa”. Una escena que, como escribe Mary Beard “instaura el registro escrito de la cultura occidental, las voces de las mujeres comienzan a no ser escuchadas en la esfera pública”, en “La voz pública de las mujeres”, 2014.

[3] Por la astucia y anticipación de Sansa Stark, Jon Snow vence a Ramsey Bolton en “La batalla de los bastardos”. Cuando Tommen Baratheon cede ante el poder de la religión y la figura de “High sparrow”, Cercei “pone orden” incendiando el Gran Septon de Baelor. Daenerys regresa y fulmina la sublevación de los “Señores” que quieren el dominio de Mereen de regreso, luego que Tyrion no pudo contener el poder de los nobles.

[4] Shae o Ros

[5] Brienne of Tarth, Arya Stark, quienes además reniegan del tipo femenino. Así como Ygritte de la tierra salvaje, primera amante de Jon Snow; Osha y Meera como guardaespaldas y cuidadoras de los niños Stark, Rickon y Bran.

[6] Cercei Lannister y Melisandre

[7] Cathlyn Stark y Cercei Lannister

[8] Melisandre,

[9] Sansa Stark

[10] Daenerys Targaryen, para Jorah Mormonth y Daario Naharis, Kahl Drogo, y más tarde para Jon Snow.

[11] Final que algunos comparan con emblemáticas escenas de regímenes socialistas o comunistas.

Érika Paz

Érika Paz

Periodista​; Maestra en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM; cuenta con estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona; asesora parlamentaria en la Cámara de Diputados 2015-2018; de 2018 a la fecha, asesora externa en la I Legislatura de la Ciudad de México; actualmente es doctoranda en Ciencia Política por la UNAM.

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