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Democracia Corinthiana: el equipo latinoamericano que se levantó contra una dictadura

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Texto: Alejandro I. López

Como la mayoría de países latinoamericanos a mediados del siglo XX, un golpe de Estado apoyado por la Operación Cóndor tomó el poder de Brasil en 1964, frustrando los anhelos de libertad y democracia al deponer al gobierno popular del presidente João Goulart. En su lugar, se instauró un régimen militar apoyado por la Iglesia Católica, terratenientes, empresarios e intereses económicos y políticos para evitar el avance de reformas progresistas en el Cono Sur del continente.

La persecución policial, la censura y el hostigamiento a los críticos del régimen se agudizó a finales de la década de los 60, cuando las libertades individuales quedaron suspendidas, al tiempo que un decreto constitucional designó la elección del presidente de la República como facultad exclusiva del Congreso. Entonces vino la represión y comenzó la cacería de todos los que buscando libertad, pensaban distinto a la dictadura. Fue entonces cuando del sitio más impensado, el espacio catalogado por los doctos como el entretenimiento banal por excelencia, el pan y circo de la actualidad, el distractor social por antonomasia: una cancha de fútbol, surgió una resistencia.


Los años más oscuros de Brasil se escribieron entre desapariciones, torturas e historias de levantamientos que terminaban sofocados bajo el peso de la bota militar.

No fue hasta los años 80 cuando la agitación social mostró todas las carencias del régimen y la gente volvió a la calle venciendo al miedo y la indiferencia. En un contexto generalizado de militarización, la jerarquía del régimen se reproducía a menor escala en todas las esferas de la vida social, hasta que del sitio más impensado, el espacio catalogado por los doctos como el entretenimiento banal por excelencia, el pan y circo de la actualidad, el distractor social por antonomasia: una cancha de fútbol, surgió una resistencia.

Los pésimos resultados en los últimos años del Sports Club Corinthians –el segundo más importante del país– terminaron con la gestión de Vicente Matheus en la presidencia del club. Su lugar fue ocupado por Waldemar Pires, quien sorpresivamente designa a un sociólogo recién salido de la universidad y completamente ajeno al fútbol, Adílson Monteiro Alves como director general. El corazón del equipo era un joven inquieto, doctor de profesión y rebelde que salió de su primer club (el Botafogo) porque faltaba a los entrenamientos para terminar su carrera, de nombre Sócrates.

Las horas de ventaja que tenían sus compañeros las contrarrestaba con un talento innato, manifestado tanto en el regate como en su visión de campo, que igual le permitía asistir con ventaja a sus compañeros o definir elegantemente frente al arco.


Después de la primera charla entre Monteiro y Sócrates que se alargó por más de tres horas, se dieron cuenta de que había una actitud distinta en ambos de cara a la temporada de 1981. Con la profunda influencia del momento que vivía el país y la presión por obtener resultados, coincidieron en la firme convicción de generar un cambio al interior del club que se manifestara en triunfos dentro de la cancha.

La semilla de rebeldía y transformación que ambos sembraron en el equipo, germinó cuando el lateral izquierdo Wladimir Rodrigues y el delantero Walter Casagrande, se unieron al liderazgo de Sócrates.

El férreo lateral de raza negra entendía la situación política brasileña a la perfección, pues durante su precaria niñez vivió la desigualdad y el racismo en carne propia, lo que motivó su adherencia a movimientos sindicalistas; mientras Casagrande de apenas 22 años, un “9” espigado con gran movilidad dentro del área, era parte de una generación de músicos que aprendió a combatir la censura con acordes estruendosos y letras que desafiaban las imposiciones del régimen. Así nació el experimento que dio voz a un equipo dentro de una dictadura: La democracia corinthiana.

La acción que cambió la lógica dentro de la organización jerárquica del Sports Club Corinthians fue tan simple como revolucionaria: Monteiro acordó con Sócrates y la plantilla completa la toma de decisiones de todos los aspectos del equipo a partir de asambleas. Concentraciones, traslados, comidas, patrocinadores, entrenamientos, fichajes, salarios, entradas de dinero e incluso el parado táctico y el once titular eran sometidos a votación. No sólo los jugadores participaron de esta dinámica, también los utileros, masajistas, preparadores físicos, jardineros, mantenimiento y todas las personas que de algún modo formaban parte del club tuvieron voz y voto para tomar las mejores decisiones para la institución.

Pronto, la democracia corinthiana cambió la filosofía del club y supuso una clara afrenta a la lógica jerárquica que desde la dictadura, se reproducía hacia los peldaños más bajos. El equipo comenzó a jugar mejor y llegó hasta las semifinales del campeonato paulista, mientras los últimos coletazos del régimen recrudecían la violencia en las calles. Entonces Sócrates, Wladimir y Casagrande se reunieron con el vicepresidente del club y encargado de publicidad, Washington Olivetto e iniciaron una campaña que habría de cambiar el rumbo de la dictadura.

En vez de incluir publicidad en su uniforme, estamparon poderosos mensajes contra el régimen, comenzando con la frase “Democracia Corinthiana”. El régimen respondió con ataques desde la prensa a jugadores y cuerpo técnico, aprovechando cada derrota para culpar directamente a la organización autogestiva y democrática, haciendo caso omiso a los encuentros, incluso se popularizó el mote “anarquía corinthiana” en un intento desesperado por ridiculizar la causa que del fútbol, saltó a las calles.

Gracias al vistoso fútbol desplegado por el cuadro paulista, el Estadio Pacaembú comenzó a registrar mejores entradas hasta que llegó a su tope a mitad de la temporada de 1982. En cada gol, tanto Sócrates como Casagrande levantaban el puño izquierdo en señal de oposición a la dictadura. Los partidos del Corinthians no sólo fueron una distracción y el recreo a la vida diaria, también adquirieron una connotación política que comprometió a muchos aficionados con la causa democrática que perseguía la nación.

Los buenos resultados los instalaron en la final. Los jugadores saltaron a la cancha con una manta con la leyenda “Ser campeón es un detalle, pero siempre en democracia”
Durante la segunda mitad de la temporada, las victorias comenzaron a llegar y los buenos resultados los instalaron en la final. El rival, Sao Paulo, era ampliamente favorito después de conseguir el bicampeonato en las ediciones anteriores; sin embargo, Corinthians llegó al partido definitivo con una mínima ventaja obtenida en la ida gracias a un tanto de Sócrates y previo al encuentro final, los jugadores saltaron a la cancha con una manta con la leyenda “Ser campeón es un detalle, pero siempre en democracia”.

Luego de una tensa primera mitad, Corinthians definió el encuentro con un marcador final de 3-1 que le dio el título de campeón. Para inicios de 1983, las elecciones para decidir al presidente desde el Congreso se acercaban.

Sócrates, Casagrande y Wladimir entendieron que la organización del club estaba hecha y decidieron formar parte de las caras de la oposición que acompañaban cada marcha y manifestación. Desde el templete, el doctor tomaba la palabra e instaba a la población a defender sus ideales de libertad.

La presión social obligó al Congreso a proponer la famosa enmienda “Dante de Oliveira” que de ser aprobada, regresaría al pueblo la capacidad de elegir a sus gobernantes. La consigna de la camiseta cambió a “Diretas Já”, en alusión a la urgencia de elecciones directas. El Corinthians siguió sesionando y los resultados aparecieron de nuevo, el club que rompió con la lógica jerárquica de la empresa privada y se decantó por la igualdad de todos quienes formaban parte de él se levantó con el bicampeonato venciendo de nuevo al Sao Paulo con marcador global de 2-1.

La leyenda en esa ocasión fue “Ganar o perder, pero siempre en democracia”. A pesar de que la enmienda constitucional no se aprobó en el primer intento, la oleada de apoyo desde amplios sectores de la población brasileña fue incontenible y para 1985, se celebraron las primeras elecciones en 20 años y el régimen llegó a su fin.

El ejemplo democrático de Corinthians no sólo sacudió las estructuras del club, también demostró la parte esencial del ejercicio más básico de la democracia a partir de la acción diaria en el entorno inmediato como base para transformar la sociedad. La decisión de los jugadores, el director general y todos quienes formaron parte del club, fue un ejemplo para la sociedad brasileña y el mundo, no sólo del gran mito del fútbol (y el deporte en general) como mecanismo de control y recreo de las masas, sino de la organización social como principio para cambiar al mundo.

Conoce más de la Democracia Corinthiana en el documental ‘Democracia em preto e branco’ de Pedro Asbeg: