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De gritos y símbolos

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La inclusión en el discurso público de sectores, grupos y personajes históricamente invisibilizados no es un asunto menor. Nombrar es una forma de reconocer, más aún si se hace desde un espacio con tanta resonancia como el balcón presidencial. En los últimos años, la ceremonia del grito de Independencia se había convertido en un espectáculo de autoelogio y banalidad. Este año, el ejecutivo hizo de ella un festejo cívico y un acto político.

Conocedor como pocos de la importancia de los símbolos en el ejercicio de la política, el Presidente de la República aprovechó la ocasión para, además de ratificar su popularidad, reforzar su mensaje de austeridad y apuntalar su discurso en favor de los más desfavorecidos. Así, la inclusión de los héroes anónimos y de las comunidades indígenas en sus arengas reafirma la idea de que su gobierno se debe a los sectores populares antes que a otros grupos de interés.

Este episodio simbólico es tanto más relevante si se toma en cuenta que, a la par, el Ejecutivo ha anunciado una iniciativa de ley de amnistía que, en sus propias palabras, busca beneficiar a los más “humildes”. Se trata de una iniciativa que, de aprobarse, se dirigirá a personas detenidas por delitos menores, gente que no tuvo la oportunidad de ser asistida legalmente, sobre todo indígenas, y mujeres que en pleno siglo XXI son encarceladas por abortar.

Así, AMLO aprovecha una coyuntura que le resulta favorable para incorporar en la agenda temas que, en el contexto de una sociedad ampliamente conservadora, siguen siendo polémicos. Desde luego, se trata de un acercamiento tímido que no ataca con la profundidad deseada la raíz de los problemas, sin embargo, colocar estos temas en la agenda pública y en la agenda legislativa es un paso importante.

Mientras esto ocurre, los  sectores que antagonizan con el actual mandatario siguen extraviados en la búsqueda de discursos y causas que logren agrupar una oposición creíble. A la derecha y a la izquierda, la incomprensión de los resortes que sostienen el apoyo de las mayorías al ejecutivo, a pesar de los continuos escándalos mediáticos, unos legítimos otros magnificados cuando no manipulados, ha sacado a la luz el talante antipopular y muchas veces elitista de personajes otrora prudentes al emitir sus críticas.

La capacidad por parte del Presidente de orientar el debate público y de politizar temas antes reservados a grupos minoritarios de especialistas contrasta con la falta de ingenio y la nula disposición para entender el nuevo momento político por parte de los opositores de derecha e izquierda, oposición que prefiere descalificar a los sectores populares acusándolos de fanáticos, ignorantes o susceptibles de manipulación antes que comprender la complejidad del tablero político nacional.

Ricardo Bernal

Ricardo Bernal

Profesor Investigador en la Universidad La Salle. Doctor en Filosofía Moral y Política por la UAM-I con estudios de doctorado en la Universidad Paris VIII. Editor responsable de Logos Revista de Filosofía de la Universidad La Salle. Ha coordinado los libros El Derecho contra el Capital (Contraste, 2016) y Reconocimiento, justicia y paridad participativa (Parmenia, 2019).