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Contrafraude (Margensur)

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Alejandro Saldaña Rosas

Académico. Director de Desarrollo Económico del H. Ayuntamiento de Xalapa, Ver.

Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

 

 

Contrafraude

 

 

 

El fraude electoral en México está en marcha. La maquinaria antidemocrática está funcionando y hasta el momento no hay absolutamente nada que impida al gobierno de Peña Nieto operar el fraude en la elección presidencial; a ojos del país entero las instituciones electorales se alinean con los intereses más mezquinos, más oscuros y más corruptos para tratar de evitar un cambio democrático que significaría (es la expectativa) el inicio del fin de los privilegios y la arbitrariedad. Y si bien la maquinaria de la ilegalidad está rodando, eso no significa que necesariamente el fraude vaya a traducirse en la derrota del candidato puntero y a quien temen los poseedores de enormes privilegios: Andrés Manuel López Obrador. Aún hay tiempo –si bien poco- de generar un amplio movimiento de oposición al fraude de 2018.

El fraude no se comete sólo en las urnas el día de la jornada electoral, es un proceso complejo con varias aristas que ocurre antes, durante y después del domingo de votación. Si no es concebido así, el fraude tiene muchas más posibilidades de consumarse puesto que la atención se centra exclusivamente en las urnas, las actas, el PREP, etc., esto es, el escrutinio se coloca en unos cuantos referentes perdiendo de vista la perspectiva de conjunto. Y al menos en México, la historia demuestra que los fraudes electorales se cocinan a fuego lento, con tiempo y con diversos ingredientes.

El andamiaje del fraude electoral es evidente, grosero, incluso escandaloso. En primer lugar, la principal institución electoral, el INE, es todo menos un organismo autónomo ciudadano. Como lo demostró en la elección del año pasado en el estado de México, sus decisiones han sido no sólo cuestionables, sino francamente facciosas. La elección que culminó con el “triunfo” de Alfredo del Mazo fue abiertamente una elección de Estado puesto que toda la estructura del gobierno federal fue puesta al servicio del candidato del PRI. El gobierno federal metió grotescamente las manos en el proceso electoral al grado de que el Secretario de Comunicaciones Gerardo Ruiz Esparza, inauguró obras en medio de la campaña electoral. Y el INE, omiso y cómplice, convalidó la flagrante violación.

En segundo lugar, si el INE ha sido ciego y sordo, por su parte el TEPJF avaló el uso de tarjetas para entrega de dinero en el proceso electoral 2018. Con argumentos de leguleyo de barandilla, la Sala Superior del Tribuna Electoral estableció que el reparto de dinero a través de tarjetas es parte de los gastos de campaña de un partido o coalición lo que en los hechos significa que el desvío de recursos a través de tarjetas puede repetirse (como en 2012 con Monex y Soriana) en grado superlativo. Increíble, pero cierto.

En tercer lugar, las encuestas son otro de los arietes del fraude. Bajo un halo de cientificidad sumamente cuestionable, las empresas dedicadas a levantar encuestas se han convertido en actores decisivos para la construcción de percepciones que pueden devenir en acciones colectivas. Básicamente se trata de crear escenarios (artificiales) de incertidumbre para dar legitimidad al triunfo de “cualquiera” de los candidatos; en otras palabras, las encuestas cuchareadas tienen como objetivo generar percepciones de legítima y cerrada contienda, a efecto de que el “ganador” lo sea por la decisión de último momento de una franja del electorado impredecible hasta el día de la elección. Y por si no fuese suficiente, siempre estarán a mano los algoritmos movedores de tendencias en las urnas.

En cuarto lugar pero no menos importante, la guerra sucia desplegada en medios de comunicación y redes sociales es parte vertebral del fraude. Aunque cada vez con menos filo por zafias y hasta estúpidas, las campañas mediáticas en contra del candidato opositor (AMLO) tienen relativo efecto en sectores del electorado atemorizados por principio, temerosos a priori, espantables por antonomasia. Si antes López Obrador fue “un peligro para México”, hoy lo representan como agente de Moscú y mañana vaya usted a saber qué desmedido epíteto le inventan. Es lo de menos, el denuesto es lo que importa porque es la vía para abrir las compuertas del miedo y con ello, las de su administración con aviesas intenciones políticas. La administración del miedo se revela así como una estrategia clave en la construcción del fraude electoral.

En quinto lugar es necesario señalar que la Ley de Seguridad Interior (LSI) es la piedra de toque para operar el fraude electoral. Si todos los anteriores (y otros) mecanismos fallan y las protestas se vuelcan a las calles, la LSI puede invocarse bajo cualquier pretexto relacionado a la seguridad pública. De allí que un sexto recurso sea mantener el clima de violencia e inseguridad que priva en el país y que tiene un filón eminentemente político: se trata de desalentar, a través del miedo, todo atisbo de organización ciudadana para la resistencia al fraude.

Podemos seguir enlistando los ejes que articulan el fraude: presidentes de casilla maiceados, padrón electoral poco confiable, representantes de casilla “caballos de Troya”, ratones loco, manipulación del PREP u operación ilegal de programas sociales desde el magisterio u otras organizaciones, entre muchas otras. La lista sería muy extensa, sin duda. Pero si los recursos del fraude son casi infinitos, las estrategias del contrafraude no parecen tan amplias ni tan claras.

Apostar a que la cauda de votos sea tan grande que impida el fraude no parece la estrategia más adecuada. No lo es porque se basa en un amplio rango de incertidumbre e imprevisibilidad que lo llenará quién más estructura tenga. Y quien más estructura tiene es el PRI, a través del gobierno federal y los gobiernos estatales que controla. Basar el contrafraude en la apuesta por los porcentajes de votos entre el primero y el segundo lugar es más un acto de fe que una estrategia política trascendente y bien organizada.

Tampoco parece suficiente con garantizar la cobertura de representantes de casilla en todas y cada una de los 300 distritos electorales. La cobertura al 100% de las casillas debe ser el piso mínimo que debe cubrir cualquier partido con serias pretensiones de triunfo, no la garantía para evitar el fraude. Porque los representantes de casilla –por muy leales y eficientes que sean- no tienen capacidad para evitar el fraude orquestado mediante algoritmos u otras trampas digitales. Como tampoco resulta suficiente desplegar un ejército de abogados y expertos electorales para reaccionar después de los cómputos distritales. No, el fraude debe detenerse desde mucho antes.

Identifico al menos cinco estrategias para articular el contrafraude:

1. Denuncia sistemática de los operadores políticos del fraude incrustados en instancias y órganos electorales. Desde las figuras de mayor alcurnia hasta los soldados rasos, el fraude requiere de un verdadero ejército de operadores electorales dedicados a torcer la voluntad ciudadana. Hacer visible los rostros y los nombres de estos hombres y mujeres es un paso imprescindible para contrarrestar sus acciones.

2. Campaña fundamentada de denuncia del fraude en al menos 100 periódicos y/o noticieros de relevancia política en el mundo. Esto requiere de decenas de articulistas que publiquen en español, inglés, francés, alemán, portugués e italiano, cuando menos. Paralelamente, es necesario que los corresponsales de esos diarios e informativos internacionales se vinculen con reporteros y periodistas nacionales para conjuntamente realizar reportajes, reseñas, notas y entrevistas.

3. Articulación de redes de profesionistas mexicanos con sus pares en otros países para la denuncia de los pormenores del fraude electoral en curso. Los colegios y redes de académicos pueden jugar un papel muy importante, habida cuenta su prestigio nacional e internacional y los lazos con colegas de otras latitudes. De igual forma, las redes de mexicanos con familiares en el extranjero pueden ser un sólido bastión contra el fraude en curso: ellos pueden organizar la denuncia y resistencia en las ciudades en las que viven.

4. Movimiento cultural y artístico en contra del fraude. La resistencia al fraude en curso es impensable sin un amplio movimiento de construcción de sentido capaz de vincular las más plurales voces y sensibilidades en un solo grito: ¡respeto al voto! Desde el cine, la poesía, la música, las artes pláticas, las artes visuales, el humor, las artes urbanas, el eclecticismo creativo, etc. es fundamental construir las resistencias al fraude en un plano simbólico e imaginario. El fraude en curso es mucho más que la imposición de un candidato impopular, en los hechos es un golpe de estado. El arte y la cultura son los recursos más inteligentes en contra de los golpes de estado, así lo demuestra la historia.

5. Sin duda la estrategia más importante es la organización de comités antifraude en colonias, escuelas, centros de trabajo, ejidos, comunidades y pueblos. Es una tarea impostergable a la que debemos dedicar esfuerzo, talento, tiempo e incluso recursos económicos. Lo que está en juego es México. Lo que quieren es arrancarnos la esperanza. ¡No lo vamos a permitir!

Alejandro Saldaña Rosas

Alejandro Saldaña Rosas

Doctor en Estudios Organizacionales por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa y Académico e Investigador en la Universidad Veracruzana. Autor del libro Momentos de Gracia: Organizar lo Imposible (2009) y articulista en temas sobre estudios en gestión y gestión de empresas de base creativa.