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Alianza bendita con el diablo

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

 

Alianza bendita con el diablo 

 

 

Washington – El pavor de Ricardo Anaya a perder la elección presidencial del 1 de julio ante Andrés Manuel López Obrador, expuso al panista tal cual es: un político sin escrúpulos ni ética moral dispuesto a aliarse hasta con el diablo con tal de conseguir lo que desea.

El candidato del Frente dijo estar dispuesto a aliarse con Enrique Peña Nieto con tal de que no llegue López Obrador a Los Pinos. Lo dijo y es lo que cuenta, aunque después se haya retractado. Anaya abrió una ventana a su interior que nos muestra a un político arribista y trepador en quien nadie puede confiar.

Empatarse con el sexenio de la corrupción y la sangre de Peña Nieto, en papel y en la actual campaña presidencial, sería una alianza que en una nación normal y democrática favorecería a López Obrador.

Imaginar a un candidato tiznado con acusaciones de un supuesto enriquecimiento ilícito o inexplicable y aliado de un presidente a quien, incluso, promete meter a la cárcel si se le comprueban casos de corrupción una vez que deje el puesto, podría ir en detrimento del propio Frente y sus aspiraciones electorales a nivel estatal y local.

Si no cuaja el matrimonio contra natura entre el PAN y el PRD, ahora piensen en un triunvirato con el emblema de la corrupción. Anaya, el supuesto perseguidor de los corruptos, asociado con Peña Nieto; y el PRD, el partido progresista que más golpes ha recibido en su historia electoral por parte del PRI, en la cama con lo que tanto ha aborrecido. Cuando México parece encaminarse a un viraje político sin precedentes, cómo entender que un candidato de coalición se una a lo que la gente tanto aborrece con tal de no verse derrotado.

La elección de julio se supone que se determinará en favor de los intereses y deseos de cambio de la gente, no de los objetivos personales de un tipo sin principios morales y ya sin ideología política. Lo mismo le da unirse a su antítesis política que al responsable de la corrupción e impunidad que aqueja y socava a la sociedad mexicana.

No sería la primera vez que Anaya se une a Peña Nieto para sacar adelante sus objetivos personales y ambición de poder. Lo hizo cuando apoyó el Pacto por México.

Si López Obrador no fuese impredecible y no tuviese la piel tan delgada, la unión de Anaya con Los Pinos afianzaría sus probabilidades de llegar a donde no quieren que llegue el líder y candidato de Morena.

La ambición de Anaya parece ser inagotable y la realidad electoral lo obliga a traicionar los principios más básicos del PAN.

Debemos estar pendientes de todo lo que se viene en los dos meses que faltan para las elecciones. La realidad y actualidad nos grita que el 1 de julio viviremos posiblemente la jornada electoral más sucia de todos los tiempos. Si Anaya está dispuesto a meter los pies en el lodo, qué podemos esperar de quienes sientan que sus intereses políticos y económicos podrían estar en riesgo con una presidencia de López Obrador.

El castigo para quienes se burlan de nosotros pensando que no nos damos cuenta de sus marranadas, estará en las urnas y en la boleta del primero de julio. Debemos acabar con la impunidad.

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