Discurso y estrategia (Margensur)

Discurso y estrategia (Margensur)

Alejandro Saldaña Rosas


Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña
 

Discurso y estrategia

La inseguridad es el principal motivo de preocupación en el país. Los elevados y brutales índices delictivos son apenas la punta del iceberg de un fenómeno complejo, multiforme y extendido prácticamente en todo el territorio nacional, si bien con énfasis diferenciados. La otrora paz provinciana hace muchos años que quedó en el olvido: Guanajuato, Veracruz, Tamaulipas, Coahuila, Sinaloa, Guerrero, etc. son hoy en día escenario de la violencia de la delincuencia organizada, la desorganizada, la de cuello blanco, la de manos negras, la intrafamiliar, la vecinal, la institucional, violencias todas que han modificado drásticamente nuestras vidas, nuestros hábitos, nuestras biografías individuales y colectivas. Por eso, frenar la espiral de violencia e iniciar la construcción de los nuevos escenarios para la paz es la exigencia más sentida en el país. El neoliberalismo a la mexicana (que es el mismo en todas partes), rapaz, corrupto, depredador, extremadamente violento y cínico, ha dejado un saldo de muerte, destrucción y miedo difícil de remontar.

         De allí que el discurso que insiste en que la violencia es el resultado de las decisiones y omisiones de los anteriores gobiernos sea cierto, pero a todas luces insuficiente: ya lo sabemos. Por favor, no se insista en ello, la elección del 1º de julio del año pasado fue contundente, fue un mandato para dar un giro a la historia. Está claro que la violencia no inició en esta administración, por lo que no se entiende la estrategia de machacar que los graves problemas del presente son el resultado de las políticas “neoliberales del pasado” (entrecomillado por suponer que el neoliberalismo se termina por decreto).

         Al menos en política, discurso y estrategia son indisociables y, aún más, autoreferenciados, es decir, el discurso es estrategia, que a su vez es discurso. Discurso y estrategia son parte de lo mismo, van de la mano, por lo que reiterar una y otra vez que la inseguridad y las violencias son herencias del pasado es parte de una estrategia que, a decir verdad, no termino por comprender. Y me parece que no soy el único. No entiendo la estrategia que insiste, a través del discurso, en reiterar lo ya sabido: la violencia no es de hoy. Es un buen lema de campaña, pero no de gobierno.

         En esta tesitura, se entiende muy bien que la estrategia en campaña de AMLO haya sido construir un discurso para adjudicar al establishment, al viejo “neoliberalismo” (comillas con sonrisa irónica), a la corrupción del “viejo régimen” (la sonrisa irónica se amplía), las condiciones de inseguridad en el país; fue una estrategia tan exitosa que llevó a AMLO a arrasar en la elección, pero persistir en el mismo discurso una vez instalado en el gobierno, no parece ser la mejor estrategia. Mirar por el espejo retrovisor es imprescindible para manejar en reversa, pero no para conducir hacia adelante.

         Para que México viva en paz, en una nueva paz, no la provinciana, autoritaria y bucólica de antaño, se requiere la participación de toda la población: si no es con la participación de todas y de todos, es imposible transformar al país. La conminación a sumarse a la 4T es importante y desde luego articula proyectos y voluntades, pero a mi parecer en materia de seguridad ciudadana no es suficiente, o al menos hasta el momento no lo ha sido. Digamos que hay estrategia, pero no el discurso que sume y aporte, por ende, la estrategia está coja: sin una amplia movilización (no participación) de la población, la estrategia de seguridad está incompleta.

         La Estrategia Nacional de Seguridad que el pasado jueves 25 aprobó el Senado de la República, a iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador, delinea los ejes para erradicar la violencia en el país; es un documento sólido y sin duda alguna con importantes aportaciones (el documento puede usted consultarlo en la siguiente liga: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/434517/Estrategia_Seguridad-ilovepdf-compressed-ilovepdf-compressed-ilovepdf-compressed__1_.pdf). Podemos o no estar de acuerdo con la estrategia, pero ahí esta. Lo que no queda claro es el discurso para hacer de la estrategia una política pública que movilice a miles, a millones de voluntades, a fin de transformar el escenario de violencia que prevalece en el país, en un México razonablemente en paz. En otras palabras: en la Estrategia Nacional de Seguridad no se advierten los lineamientos que convoquen a la ciudadanía a sumarse a la lucha por erradicar la violencia en el país. Y sin discurso, la estrategia se queda corta.

Los siete ejes u objetivos de la estrategia de seguridad son muy claros (documento citado):

1. Erradicar la corrupción y establecer un auténtico estado de derecho.
2. Garantizar empleo, educación, salud y bienestar.
3. Pleno respeto y promoción de los derechos humanos.
4. Regeneración ética de la sociedad.
5. Reformular el combate a las drogas.
6. Recuperación y dignificación de cárceles.
7. Reforma radical del sistema de seguridad pública.

         Al menos los cuatro primeros puntos son de carácter estructural y llevará muchos años lograr que se cumplan plenamente, por lo que fincar el discurso en ellos quizás no sea la mejor estrategia: la exigencia de respuestas es inmediata, no a mediano ni largo plazo. Los tres siguientes puntos (5,6 y 7) quizás sean de un alcance un tanto más inmediato, particulamente el 5 que se puede sintetizar en la permisividad (acotada, si se quiere) para el consumo de mariguana. Pero nada de esto aparece en el discurso, solamente las referencias a la corrupción (del pasado), la necesidad de mejorar las condiciones de vida de la población (que no se hizo en el pasado) y la regeneración ética de la sociedad (¿a través de la cartilla moral?).

         Tampoco abona al cumplimiento del punto 1, el establecimiebto de un auténtico estado de derecho, que delincuentes de añeja estirpe y largo pedigrí se pavoneen sin recato alguno a los ojos y la indignación del país entero: se saben impunes. No sólo los ex presidentes Peña, Calderón y Fox, está también Emilio Lozoya, Elba Esther Gordillo (a quien le han devueltos bienes, propiedades y dinero), Luis Videgaray, Gerardo Ruiz Esparza o Rosario Robles, por mencionar solo a cinco de los cientos, miles de corruptos, sin castigo alguno. No se trata de iniciar una cacería de brujas, sino simplemente de acatar la ley. No puede haber estrategia contra la violencia con un discurso que, en los hechos, abona a la impunidad.

         Para que la estrategia de seguridad fructifique se necesita un discurso que concite adherencias, que mueva a la ciudadanía, que transforme conciencias, que pugne por la legalidad, que construya en el imaginario el país que podemos y merecemos ser. Una estrategia y un discurso que hoy se muestran sumamente opacos.

 

Donativos

Entradas relacionadas

1 Comentario

Dejar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *