Decapitar a la serpiente

Decapitar a la serpiente

J. Jesús Esquivel
Corresponsal de la revista Proceso en Washington
@JJesusEsquivel

 
Decapitar a la serpiente

Washington – Minatitlán no despertó al horror. El horror ha estado despierto siempre. Somos sus rehenes, sus víctimas, su placer porque lo seguimos tolerando. Los diálogos gubernamentales lo acariciaron y los gobiernos estatales y municipales lo toleran. Estamos acostumbrados a los muertos, pero vivimos en estado de negación. ¿Qué hacer? Arrancarlo de raíz.

Ni hablar de la corrupción. Lo sabemos, es el motor y lo alimenta.

Han sido dos sexenios de la muerte: el de Felipe Calderón, que lo forjó; y el de Enrique Peña Nieto, que lo consolidó. No queremos un gobierno más que lo fortalezca, exigimos que responda como se debe antes de que la inoperancia lo haga victimario.

La violencia generada por el crimen organizado no entiende palabras ni razones y México debe entenderlo así. Son decenas de miles de muertos. ¡Basta!, son demasiados. Los expertos y especialistas en el combate al crimen organizado y al narcotráfico conocen la fórmula, la fuerza letal.

Suena inhumano, sacude el pensamiento defensor de los derechos humanos, lo entiendo, y sin embargo, no hay otra salida.

Las bandas criminales operan porque no son golpeadas como se debe. Son serpientes de muchas cabezas y hay que cercenarlas todas.

Nuestro sistema judicial es obsoleto. Duele enterarse de que tal secuestrador, tal asesino, tal violador, tal pederasta, tal narcotraficante, tal político corrupto es liberado por jueces indolentes y comprados pese a las evidencias que los incriminan y condenan. Esa es la indefensión, el denominador común de los mexicanos.

Urge una reforma profunda al sistema judicial para castigar como se debe a quien lo merezca. Sin esto, nuestra única defensa recae en el Ejército y la Marina. No hay de otra, las fuerzas armadas tienen el poder y la fuerza para cortar las cabezas de la serpiente desalmada que siempre acecha.

En Estados Unidos y varios países europeos está probado que al crimen organizado se le combate con la fuerza letal de policías especializados que han sido entrenados para ello. Nosotros no los tenemos.

No confundan lo que planteo, no encomio la violación de derechos humanos ni la lucha militarizada frontal. Expongo una realidad y nuestra realidad es esa. O díganme dónde está la otra, porque no la veo.

Minatitlán horrorizó las banderas blancas de la defensa de los derechos humanos, las mismas que se levantarán a denunciar el combate sin cuartel contra esos criminales que masacraron hasta a un bebé entre sus 14 víctimas en Veracruz.

Andrés Manuel López Obrador no tiene la varita mágica para desaparecer el virus que contagió a todos por obra de Calderón. Extirpar el mal requiere dolor y sangre. Si esperamos a que se gradúen oncólogos y especialistas para intervenir al paciente, este morirá antes de lo previsto. Empecemos a cavar su tumba.

Habrá marchas hipócritas de exigencias a López Obrador, organizadas por asesinos de cuello blanco que causaron el problema. Sus intereses son otros. Dejemos que ladren, no tienen dientes, sí muchas culpas.

Los muertos de Minatitlán y de toda la nación no son mártires ni gritos de dolor entre sordos, exponen al México que perdimos.

Si vamos a dialogar para encontrar una solución, no más rodeos; decapitemos a la serpiente tal y como se debe.

 

 

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1 Comentario

  1. Armando López Juvera

    Lo que yo no entiendo es por qué no se está impartiendo desde el primer día de gobierno -hubo 5 largos meses de periodo de transición para tener un plan detallado y eficaz- capacitación masiva, intensiva de personal extraído de la sociedad civil y de las propias policías del Estado con un perfil idóneo, tanto físico como académico y mental. Esta especie de ¨periodo de gracia¨ que parece estársele otorgando no sólo a la delincuencia organizada sino a la empresarial y seudoempresarial, a la insertada en los espacios públicos de la política a quienes beneficia la inseguridad y el caos no parece tener mucha justificación y sí, en cambio, alimenta el anticambio pedestre de francotiradores políticos y de otros núcleos peores.. Odio admitirlo, pero ahora me parece que el cuestionamiento de Jorge Ramos al presidente va cobrando cada vez mayor pertinencia, más allá de que las motivaciones del periodista puedan haber tenido una fuerte dosis de protagonismo y hasta de consigna.

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