Embajada en piloto automático

Embajada en piloto automático

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

Embajada en piloto automático

 

Washington – La importancia de México para Donald Trump se ha concentrado en cuatro temas: migración, muro fronterizo, rehacer a su gana la relación comercial y denostar o burlarse del gobierno mexicano.

La supuesta “buena relación” entre Trump y el presidente Andrés Manuel López Obrador es una falacia. El rubio mandatario estadounidense no tiene amigos, tiene intereses.

Pregúntele a Jeff Sessions, ex procurador general de justicia en su gobierno y a Michael Cohen, su ex abogado; por mencionar ejemplos.

Expresiones como, “tienen buena química”, “son amigos”, “se entienden muy bien”, son lastras que en la prensa mexicana impusieron las presidencias priistas para ocultar el desdén de Washington a la relación bilateral; “la más importante para Estados Unidos”, como marcan en automático los comunicados de la Casa Blanca o el Departamento de Estado, al celebrarse un encuentro de los dos mandatarios. Aunque está muy usado y altamente desgatado ese guión, no lo cambian.

El reloj sigue su marcha y está a la vuelta de la esquina el primer desencuentro entre AMLO y Trump. Las caravana de migrantes centroamericanos o la negativa de los demócratas en el Capitolio a darle los fondos que quiere Trump para amurallar la frontera (con fines electorales en su búsqueda de reelección), pueden ser la espoleta para que ocurra la primera explosión en la Casa Blanca.

El pragmatismo debe ser la regla de oro para AMLO en la conducción de la relación con Estados Unidos. Se equivocaría el presidente si confía en la cordura de Trump porque el güero no tiene.

Marcelo Ebrard debe aprender de los errores de Luis Videgaray que por sus intereses personales y no los de México, personalizó el trato con la Casa Blanca, no con Trump sino con el yerno de este; Jared Kushner.

Washington no es el ombligo del mundo. El gran coloso económico del mundo se encuentra en Asia. Y sí, a Estados Unidos lo tenemos al norte, pero es tiempo de portarnos a la altura dándole trato de vecino distante.

La asunción al poder de AMLO tiene sin cuidado a Trump, el multimillonario y ex magnate de la industria inmobiliaria esta obsesionado con reelegirse y a partir del otoño de 2019 y durante todo el

2020, volverá con la refriega de usar a México, a los mexicanos y a los inmigrantes como jerga de batalla para ganar adeptos entre los electores racistas y xenofóbicos que lo hicieron presidente.

Siete meses tiene de permanecer acéfala la embajada de Estados Unidos en Washington y siendo honestos, la ex embajadora Roberta Jacobson que dejó el puesto en mayo pasado; paso desapercibida desde el 20 de enero de 2017 cuando llegó Trump a la Casa Blanca; hasta que renunció.

¡Es Kushner, idiota!, a quien su suegro encargó la relación con México.

No hay ni rumores ni filtraciones sobre un nombre especifico para ser embajador de Trump en México desde que AMLO ganó la presidencia.

Ya se le ocurrirá escoger a algún empresario amigo suyo para que un tiempecito viva como rey en México.

AMLO y no el canciller Ebrard, marcó desde hace un buen a Martha Bárcena para ser embajadora en Washington. Con una bagaje largo en la diplomacia, Bárcena al igual que sus dos jefes está obligada a ser pragmática y no ingenua en la conducción de la relación bilateral.

Aún con un embajador empresario y/o rico; es más, peor todavía si Trump opta por enviar a un diplomático de carrera; la embajada de Estados Unidos continuará funcionando en piloto automático.

¡Entiéndanlo por favor!, Trump y Estados Unidos no tienen amigos.

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