La crisis y el Iphone (Margensur)

La crisis y el Iphone (Margensur)

Alejandro Saldaña Rosas

Académico. Director de Desarrollo Económico del H. Ayuntamiento de Xalapa, Ver.

Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

 

La crisis y el Iphone

 

El iPhone XS Max salió a la venta en México y en unas cuantas horas se agotaron las existencias. El precio del modelo de teléfono más reciente de Apple no es menor: más de 35 mil pesos; este dato ha servido para que los más insensatos y obtusos “analistas” aseguren que en México no hay crisis ni bancarrota, que el país está estable, la inflación controlada y las finanzas sanas. Qué bueno que existen algunos miles de mexicanas y mexicanos con el dinero –y la ansiedad de consumo- para gastar 35 mil pesos en un teléfono celular, pero estimar la salud de la economía mexicana por la capacidad de compra de una minoría equivale a diagnosticar a un enfermo terminal por el enorme pastel que recibe en su cumpleaños.

La economía mexicana no es un enfermo terminal, ¡pero cómo se le parece! El crecimiento de los últimos treinta años ha sido ridículo frente al tamaño de las necesidades de millones de personas que viven en pobreza y en pobreza extrema: en términos globales ha sido de apenas 2.5%, lo que significa que en los hechos México se ha rezagado frente a otras economías. Lo que muchos analistas interpretan como estabilidad en realidad es estancamiento: la economía del país no crece al ritmo necesario para hacer frente a sus muchas y complejas necesidades.

La falta de crecimiento genera, a su vez, otro problema de gran relevancia: endeudamiento. En efecto, ante los magros resultados de las políticas neoliberales en términos no sólo del crecimiento porcentual del PIB sino del desarrollo traducido en mejores condiciones de vida de la población, los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña han optado por endeudar aún más al país. La deuda externa del país asciende a la bestial cifra de 453 mil millones de dólares (http://www.elfinanciero.com.mx/mercados/deuda-externa-una-bomba-de-tiempo-que-amlo-debera-desactivar). Cumplir con el pago de los intereses de la deuda no es un asunto menor: más de 21 mil millones de dólares por año. Antes de atender las necesidades de alimento, salud, educación, vivienda, agua potable, electricidad, etc. de las y los mexicanos, los gobiernos tecnócratas han preferido cumplir con los acreedores.

Ahora bien, si los ingresos del gobierno fueran suficientes el problema sería manejable con más o menos suficiencia, pero la realidad es otra. México ha dejado de recibir los enormes ingresos del petróleo que durante años fueron la tabla de salvación de las finanzas públicas, a la vez que la recaudación interna vía impuestos, aportaciones y derechos es insuficiente para hacer frente a los crecientes gastos en materia de salud, educación, infraestructura, etc. En palabras claras: gastamos más de lo que ingresamos y peor aún, las necesidades se incrementan mientras que la capacidad productiva está estancada. Si esto no es una situación crítica llámenle como quieran, pero es evidente que la economía del país tiene problemas muy serios…. que van a expresarse con toda fuerza en el gobierno de López Obrador.

El enorme paréntesis que va del 1º de julio al 1º de diciembre es tiempo suficiente para que el gobierno saliente borre las huellas de sus desvíos de recursos, esconda bajo la alfombra el tamaño real de la deuda, elimine pruebas de sus yerros e incluso de sus delitos y deje sembradas miles de bombas de todo tipo al gobierno entrante. Tradicionalmente los problemas estructurales de la economía mexicana se han heredado de sexenio en sexenio sin que haya ninguna intención efectiva de resolverlos, en el mejor de los casos el presidente saliente transfiere la papa caliente de la deuda junto con los mecanismos para mantenerla oculta y más o menos desactivada; sin embargo, es posible que en los próximos meses asistamos al escenario (raro pero no inédito) de que la bomba estalle en los primeros días de la administración de Andrés Manuel López Obrador. Lo vivimos en el año 1994 cuando Salinas dejó la economía colgada con alfileres que a la menor inestabilidad cedieron: Zedillo tuvo que absorber el costo político de las fallidas políticas de su antecesor (de las que por cierto también fue responsable).

Para EPN -y para los grupos de poder que representa- el mejor escenario después del 1º de diciembre es el fracaso de AMLO: el país no les importa, como lo han demostrado a lo largo de los últimos treinta años. Lo mejor que le puede pasar a Peña, a su camarilla, a su séquito de secuaces, a su caterva de frívolos aplaudidores es que la crisis acunada y amamantada durante su administración, le estalle en las manos a AMLO. Apuestan a que la tolvanera levantada por el estallido de la crisis, les facilite la fuga y el olvido.

Por lo pronto y para iniciar, el margen financiero para operar los programas anunciados por AMLO será mínimo: 1 o cuando más 2% del presupuesto de egresos. Es decir, muy poco, casi nada frente a la magnitud y la complejidad de los problemas a enfrentar. La política de austeridad seguramente permitirá liberar recursos para programas sociales, infraestructura y obra pública pero por mucha restricción que se aplique, serán insuficientes.

La crisis no significa que las personas con capacidad económica suficiente para comprar un iPhone de 35 mil pesos padezcan la menor penuria. En lo absoluto, así que pueden dormir tranquilos y seguir gastando en lo que les plazca: hay que dinamizar el mercado interno, incuso el de bienes suntuarios (que se muestra más que vigoroso). La crisis no pega parejo: se ceba en las clases medias y como siempre, en los más pobres.

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