Rendición de cuentas

Rendición de cuentas

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

Rendición de cuentas

 

Washington – La rendición de cuentas por parte de nuestros gobernantes es una obligación inexistente en México. La esperanza del cambio que se expresó en el resultado abrumador en las elecciones pasadas la reclama. Somos una república en la cual la división de poderes es una metáfora. El Ejecutivo es el emperador, el Legislativo su siervo y el Judicial su lacayo. El cambio con Andrés Manuel López Obrador y Morena tendría que restablecer la credibilidad de las instituciones gubernamentales ante la sociedad.

La ventaja representativa de Morena tanto en el Senado como la Cámara de Diputados no está para venganzas, tiene que rendir cuentas a sus constituyentes y fungir como catalizador del poder presidencial.

Si el 1 de septiembre los de Morena disfrutaron humillando al PRI y al PAN como hacía esta dupla de complicidades con la oposición, bueno espero que lo hayan disfrutado; tal vez lo merecían los perdedores.

Es momento de darle vuelta a la página, de trabajar para los mexicanos y no para intereses partidistas o caprichos y designios presidenciales.

Las comisiones legislativas podrían por primera vez en décadas cumplir con las funciones para que las que fueron creadas.

Nadie quiere un Congreso autómata que levante la mano como robot y cumpla ciegamente con AMLO. Al próximo presidente se le deben cuestionar sus propuestas, ponderar alternativas, con escrutinio interrogar a los personajes que eligió para integrar su gabinete y los que estos escojan para ser sus subalternos; más a quienes los persigue un historial enlodado por sus servicios a gobiernos corruptos.

Que el nuevo Congreso niegue los privilegios a personajes de la elite empresarial o social y a políticos que, para sacarlos del país y mandarlos al exilio; se les castiga con la titularidad en una embajada o en un consulado en algún país de América Latina o de Europa.

Esas prácticas de colusión y corrupción no son verbos conjugables en el gobierno del cambio que brotó por el sufragio del 1 julio.

La rendición de cuentas no es vendetta política ni partidista, es una exigencia y responsabilidad constitucional de los tres poderes.

Que los legisladores se comporten a la altura. Aquellos que obtuvieron un escaño por la vía plurinominal deberían ser los primeros en actuar con la independencia que les da su investidura. Ningún mexicano votó por un sólo plurinominal pero tenemos que soportarlos.

Cuántas veces en el pasado reciente hubiésemos querido a un Congreso federal independiente. Un poder legislativo preguntándole a Enrique Peña Nieto por su Casa Blanca, por las asignaciones de contratos a las empresas de sus amigos; reclamándole la ineptitud de la PGR en los casos Ayotzinapa y Tlatlaya y en todos los escándalos de gobernadores corruptos a quienes por falta de pruebas los deja libres o aminora sus sentencias. Sueñen con los corruptos de Pemex tras las rejas, con secretarios de estado explicando peso por peso los desfalcos.

La rendición de cuentas es la clave para corregir los errores que tienen sometido a México en la corrupción, inoperancia y la pobreza

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