Testarudos

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

Testarudos

 

Washington – La escena de este lunes en un hotel de la Ciudad de México con la maestra, Elba Esther Gordillo, como protagonista; expone con claridad lo que la sociedad mexicana rechazó con su voto el 1 de julio: la impunidad, la corrupción y los beneficios que obtienen personajes de la política nacional en su relación con el poder.

Con un mensaje de poco más de diez minutos, la maestra anunció su regreso al quehacer de las influencias y el sindicalismo; borrando y minimizando sus antecedentes penales por una riqueza bajo sospecha.

No he podido salir del estado de estupefacción en el que me dejó la historia que publicó el diario Reforma, narrando que la madre de la maestra Gordillo que, al igual que su hija fue profesora rural; le heredó una fortuna de más de 370 millones de pesos.

La riqueza nunca ha estado entre mis metas, sin embargo, creo que me equivoqué de profesión; debí dedicarme a la docencia.

Las pugnas y traiciones entre la maestra y Enrique Peña Nieto fueron el origen y final de la comedia. La ex presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) fue a la cárcel por oponerse a la reforma educativa del todavía primer mandatario.

Cuando arrestaron a Elba Esther la sociedad mexicana se sintió feliz.

Se castigaba por corrupción a un personaje que a vista de todos ostentaba una riqueza impensable de lograrse con un sueldo de maestra; casas de lujo en México y en Estados Unidos, avión privado y dispendios en tiendas exclusivas de diseñador en las que con las propinas que dejaba se podían cubrir los gastos alimenticios y escolares de todo un año de decenas de estudiantes de primaria.

La presidencia de Peña Nieto, aunque pudo hacerlo, pero que por mediocre y corrupta no sustentó la impugnación que le hizo de lavado de dinero a Elba Esther, se vio obligada a dejarla en libertad.

El colmo fue que, horas después de la resurrección de la maestra, de quien nos habían contado se encontraba en precario y delicado estado de salud; en el patio de Palacio Nacional, Peña Nieto se curó en salud al decir que no hay encono con Gordillo.

Como remate de lo insólito, Andrés Manuel López Obrador, el presidente electo, marcó su raya al garantizar que la maestra no trabajaría en su gobierno pero que mantendría la independencia con los sindicatos; en clara alusión al futuro del SNTE.

Ninguno de los dos se atrevió a mencionar lo ofensivo que resulta para los mexicanos la misteriosa fortuna de Elba Esther, ya sea por herencia o por el sudor de su frente. AMLO y Peña Nieto no entendieron el mensaje de los votantes en los comicios del 1 de julio; testarudos.

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