La tentación golpista

La tentación golpista

Alejandro Saldaña Rosas

Sociólogo. Profesor investigador de la Universidad Veracruzana

Twitter: @alesal3 / Facebook: Alejandro Saldaña

 

 

La tentación golpista

 

 

Las tendencias electorales marcan como claro favorito para ganar la elección presidencial del 1º de julio a Andrés Manuel López Obrador; de acuerdo con las encuestas, las probabilidades de que el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” se convierta en el próximo presidente mexicano son del 92%, de acuerdo con el diario El País que señala que López Obrador tiene 48% de la intención del voto, Anaya 27%, Meade 19% y el Bronco 2% .(https://elpais.com/internacional/2018/06/02/mexico/1527944682_565930.html).

Las recientes encuestas del periódico Reforma y de la empresa Parametría apuntan a que AMLO en las preferencias brutas estaría por encima del 50%, lo que significa que inclusive antes de la elección ya se estaría haciendo historia (al menos del siglo XXI) por cuanto desde Salinas (1988) ningún candidato había logrado alcanzar esos números en preferencias electorales. Sin restar validez (mesurada) a las encuestas, es evidente la abismal distancia que hay entre los cuatro candidatos, estimada a partir de cinco indicadores básicos que explicarían hipotéticamente los números: i) la asistencia espontánea a mítines y otras reuniones de campaña (sin acarreados); ii) la presencia en medios y redes (sin chayote, bots ni artificios similares); iii) el número de militantes y/o simpatizantes que de una campaña, se han sumado a la de otro candidato; iv) la capacidad para sumar los votos de los indecisos, que conforme se acerca el 1º de julio decrecen aceleradamente; v) la comunidad internacional (sobre todo la de negocios) ha aceptado el virtual triunfo del Peje y no sólo no ve problemas, sino que apunta muchas ventajas.

Los cuatro indicadores previos son muy claros: i) nadie lleva más gente espontánea a sus mítines que AMLO (los datos de las concentraciones son públicos y contundentes) ; ii) la agenda de medios y redes la marca AMLO; iii) los disidentes de otros proyectos se han sumado poco a poco a la de AMLO, tanto priistas como panistas y de otros colores; iv) lo mismo ocurre con los indecisos: cada vez más se decantan por López Obrador; v) la comunidad financiera internacional no sólo acepta el cambio de gobierno, sino que lo alienta en la medida en que el mercado interno tenderá a crecer y con ello las finanzas nacionales serán más confiables y por tanto, más atractivas a la inversión.

Sin embargo hay signos que indican que no será fácil ni tersa la transición democrática. Las cúpulas empresariales, la jerarquía católica, los grupos más conservadores se están alineando para evitar el triunfo de AMLO, bajo pueriles argumentos que esconden mucho más de lo que ocultan: su menosprecio por la legalidad, la transparencia, la rendición de cuentas y el respeto a las instituciones.

El fondo del problema es elemental: preservar el régimen de privilegios del que han gozado diversos grupos sociales (en el pago de sus contribuciones en materia impositiva, por dar un ejemplo) o ajustarse al marco institucional orientado al equilibrio en los factores de la producción para el bienestar común con base en la transparencia y la legalidad. Muy sencillo: que pague más, quien más tiene. Como ocurre en Canadá, Finlandia, España o Brasil.

El dilema no es si habrá fraude, la duda es si les va a alcanzar. Cuando las preguntas clave se instalan en la disyuntiva del tamaño del fraude, la evidencia de la fragilidad democrática de las instituciones electorales se desnuda solita. El fraude se da por descontado: interesa solamente su alcance. De allí la necesidad de incluir en el análisis a las organizaciones civiles y su puntual actividad en defensa de la democracia.

Los fraudes electorales precedentes fueron canalizados por el sistema de partidos: el fraude electoral de 1988 dio como resultado la organización que a la postre sería el PRD; el de 2012 fue la base para el MORENA. De allí que sea muy difícil concebir a una organización surgida de un nuevo fraude: el sistema de partidos no da para otra organización nacida de otro fraude más…. ¿o sí?

El fraude electoral está en marcha y dadas las circunstancias equivale a un golpe de estado organizado por el INE, la FEPADE y los organismos políticos electorales locales. El riesgo de continuar con este fraude que es virtual golpe de estado es inmenso: significa colocar al país al borde de una guerra civil.

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