Sedimento electoral: corrupción y división

Sedimento electoral: corrupción y división

J. Jesús Esquivel

Corresponsal de la revista Proceso en Washington

@JJesusEsquivel

 

Sedimento electoral: corrupción y división

 

Washington – Las aguas electorales comienzan a calmarse y el sedimento nos muestra el hartazgo nacional a la corrupción y a un electorado alta y peligrosamente polarizado.

La del 1 de julio será posiblemente una de las elecciones presidenciales de México más importantes en nuestra historia; primero, porque la sociedad ha dicho ¡basta!, y opta por un cambio radical a seguir soportando el aumento de la pobreza en los muchos y la riqueza por corrupción de los muy pocos. En segundo plano, y a un mes de esos comicios, la sociedad sufre una polarización que da miedo al hablar de preferencias electorales y de someter al escrutinio a los candidatos.

Andrés Manuel López Obrador podría estar destinado a ganar las elecciones y lograr por primera vez, y en detrimento de los muy pocos, combatir la corrupción gubernamental desde dentro.

En estos tiempos es difícil creer en un mesías, no existen. Sin embargo, no tenemos otra opción. Ricardo Anaya, candidato del Frente, y José Antonio Meade, del PRI, representan el statu quo en corrupción.

Ojo, no estoy diciendo que AMLO sea lo mejor para erradicarla, dudo que lo haga completamente, pero al menos considero que lo intentará y eso para un país tan empobrecido como el nuestro ya es ganancia.

Dudar de las promesas de AMLO es ejemplo de la polarización en la que estamos sumergidos por el fastidio de la corrupción en el sexenio de Enrique Peña Nieto y la inseguridad y criminalidad heredada de Felipe Calderón. Desconfiar de las promesas de gobierno de AMLO sale caro. Quien titubea al respecto, aunque el realismo político se lo garantice, es objeto de ataques verbales y descalificaciones de todo tipo. He dicho que AMLO en los dos debates presidenciales ha sido soberbio al asegurar que derrotará a Meade y Anaya porque así lo dicen las encuestas. Con las maniobras de fraude electoral los priistas son capaces de cualquier cosa, es lo que digo y me gustaría que AMLO fuera modesto al hablar de su futuro electoral.

Aclaro que esto no es una denuncia para quienes me han criticado, no lo es, en mi trabajo como reportero la crítica es indispensable para mejorar y corregir errores. Vuelvo al sedimento electoral, la división en la que socialmente estamos entrampados tiene justificación.

Las demandas de justicia económica y judicial de la mayoría de los mexicanos emanan de los abusos de poder y de la corrupción gubernamental. Los pobres de ahora ya no son los agachados de la época de la hegemonía gubernamental por siete décadas del PRI.

La libertad de la que gozamos ahora para expresar nuestras ideas era una falacia en aquellos tiempos de abnegación y conformidad por la represión. Miremos un poco la historia reciente, la década de los 70’s del siglo pasado cuando un grupo de pobres de la sierra de Guerrero no aguantó más y se reveló exigiendo justicia económica y menos corrupción. Los gobiernos de esos años los combatieron con todo hasta casi extinguirlos y los catapultaron como insurgentes políticos y guerrilla.

Comprendo y comparto el enojo del mexicano ante la simple mención de que los corruptos y la élite beneficiada por este mal se mantengan en el poder otros seis años. Mi prudencia ante las promesas y la menos mala de las tres opciones que tenemos para el 1 de julio, es comprender que AMLO no es perfecto y que debería ser prudente y pensar dos veces lo que promete porque la grieta social puede hacerse más ancha e insondable en caso de que no pueda, aunque quiera, cumplir con todo.

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